Ella ya les contará más


¿A Gabriela la volviste a ver? ¿Cómo está su familia?
Son preguntas que surgieron desde la aparición de Frutillas y que todavía hoy me siguen haciendo.

Algo de lo qué pasó en su vida lo publiqué en el capítulo uno; pero otras cosas, algunos detalles que hacen al todo de la historia, quedaron afuera. Con mi primer libro busqué teorizar y proponer un diálogo sobre el sistema educativo en general y el trabajo en particular, desde mi punto de vista. Es decir, a partir de mi experiencia de vida y no de la de ella (Gabriela ya tendrá tiempo de escribir y publicar lo que quiera, si es que así lo desea).

Sin embargo, pasaron muchas cosas y creo que es momento de empezar a compartir algo de “lo íntimo” porque siento que hay gente interesada, de corazón, en su bienestar.

Este jueves me llamó por whatsapp su papá, y no lo noté bien. Su esposa está trabajando en otra provincia y, como a muchas familias, no les está alcanzando el dinero para llegar a fin de mes. Su lengua es el quechua y, si bien comprende el español, le cuesta expresarse con fluidez en nuestro idioma. Dice que a sus hijos varones no les dan trabajo por lo que pasó aquella vez con la evaluación de Gabriela.
-Yo a veces no estoy bien, señora Lucía - me dijo.
Le pregunté en qué podía ayudarlo, qué necesitaba. Me respondió: -¿Usted no podría venir a ver a Gabriela? Yo no puedo hablar con ella, no nos entendemos.
Sí -le dije-, este domingo voy.

Me acompañaron Alejandra, una bióloga especializada en acuaponia, y su hijita Sofía de dos años, que por esas cosas de la vida están parando en mi casa.

Llegamos a La Peregrina en el auto que nos prestó mi mamá. Nos recibió Daniel, su papá. Estaba también Juan José, su sobrino, el hijo de Cristina; algunos perros y muchas gallinas. Gabriela no estaba. La noche anterior había tenido una fiesta de 15 y se había quedado a dormir en la casa de una amiga.
- Está en el mismo lugar a dónde la fue a ver la otra vez. Me olvidé de decirle que usted iba a venir, me dijo Daniel.

Alejandra y Cristina se pusieron a hablar mientras Sofía y Juan José jugaban con las gallinas.
Daniel empezó a contarme su vida, sus problemas, sus miedos (trabaja sin parar desde los 11 años). Yo opinaba de todo y le daba palabras de tranquilidad y aliento.
Le hablé de lo afortunado que es al tener una hija como Gabriela, que en el siglo XXI los valores son otros que los de antes, que él tiene que aprender a confiar y a recibir. Le dije que Gabriela es una adolescente que tiene mucho potencial y que es un desafío acompañar el crecimiento de una chica como ella. Daniel no le perdona haber perdido su puesto en Tamara porque, entre tras cosas, era un trabajo en blanco.

Continué explicándole que el problema son los malos tratos que recibían en ese lugar y también los químicos que utilizan para producir. Que lo que está mal es el sistema de producción y no las personas que lo denuncian. Que Gabriela fue sincera. Y la verdad, a veces, duele.

- Usted tiene el desafío de acompañar a su hija valorando su capacidad. Ella no es responsable de la crisis económica y política que se está viviendo.

- ¿Usted no podrá hablar con ella? Yo quiero que nos sentemos en una mesa y hablemos, señora Lucía, como si fuera una psicóloga, -me pidió Daniel.
- Voy a buscarla. Volvemos y hablamos -le digo.

Gabriela se sorprendió al verme. Nos abrazamos un rato, entre algunos charcos de barro, y se fue a preparar para volver a su casa con nosotras. De camino, ya en la ruta, fuimos contándonos un poco de nuestros días.

Llegamos y entramos a la casa. Antes de sentarnos, alrededor de una mesa con mantel, abracé a Gabriela otra vez. La notaba triste, enojada y nerviosa.

Empecé hablando yo. Le dije que sabía que extrañaba a su mamá pero que, mientras la esperaba, tenía que hacer sus tareas lo mejor posible. Que la vida es corta y que, en general, recién valoramos lo que tenemos cuando lo perdemos. Que en invierno todo suele ser más difícil, pero que hay que aprovechar todo lo que nos pasa para aprender. Que su papá no se lo decía pero que la quería mucho y estaba preocupado por ella.
Después habló Daniel.
- Yo me rompo el lomo trabajando. Todo lo hago por ellos y nadie se ocupa de mí. Nadie me atiende. Yo no existo para ella.
Gabriela no hablaba, miraba hacia abajo. La tomé de la mano y le dije que no tuviera miedo en decir lo que le molestaba; que dada la situación, era natural que estuviera enojada. Que están pasando muchas cosas en el país y en el mundo y como es tan sensible, a veces es lógico sentirse mal. Que las injusticias son lo más difícil de entender.

Alejandra observaba el momento y asentía con impecable atención. Llegaron los mates y nos convidaron con pan casero que Daniel había amasado, la noche anterior, y cocinado en un horno de barro. Lo compartimos con alfajores que llevamos nosotras y unas frutillas Dole que nos regalaron.

Gabriela empezó a hablar. La escuchamos y comentamos temas vinculados a la escuela. Justo al otro día tenía evaluación de Geografía. Fue a buscar la carpeta. Repasamos la guía e hicimos un resumen sobre la Guerra Fría, el fordismo, el toyotismo y las diferencias entre el Estado Benefactor y el Estado Neoliberal.
Después de la tarea hablamos de su próxima fiesta de 15 y de qué tipo de ropa se quería poner.
Sofía, finalmente, logró alzar una gallina. Daniel y su hermana Cristina estaban afuera trozando otra que, ya desplumada, sería la cena de esa noche.
Nos despedimos. Nos invitaron a volver a la casa cuando quisiera y Daniel me repitió una oración que me dijo el día que lo conocí y que yo ya había escuchado varias veces de mi abuela paterna:
- Que Dios la bendiga.

Me fui pensando cómo organizar mis tiempos para poder volver.
Entre tanto intercambio de palabras, me alegré de haberle recordado a Gabriela, en un momento, lo que le gusta hacer y para lo que tiene una habilidad indiscutible: escribir.
Ojalá se lo permita.


Historias de Frutillas


Me llegó este mensaje por whatsapp:

Avisame si podés leer esta publicación.

El sábado en una de esas secuencias inesperadas, una chica muy amiga de mis mejores amigas, falleció en el cerro en Tucumán al caerse de un parapente, mal atada por el piloto.

Hoy me di con esta publicación que ella había hecho en su face hace un tiempo. Natalia se llamaba, y había quedado conmovida por tu historia, la de tu alumna y las frutillas.

Y claramente yo me conmoví al verte ahí en sus palabras. Es tristísimo y a la vez, muy poderoso.

Cada día me convenzo aún más, que cada detalle de tu día por más ínfimo que parezca esta tejido en una alfombra gigante, (me voy a poner mística y le voy a llamar Universo) y te pasa por algo. Doy fe. En este último tiempo de lo que va de mi vida...si hay algo que desarrollé es mi capacidad de ser observadora (vivir en otro país, otro continente, cultura, otro todo...te pone los sentidos a tope y en mi caso fue el gran catalizador). Hoy en cama antes de dormir, como muchas otras noches pasaba publicaciones aquí en Facebook y me detuve a leer las que por A B o D me resultaron interesantes. Voy por orden cronológico...Primero leí algo sobre volver a tu país luego de vivir en el extranjero...A pesar de que estoy hace unos pocos meses afuera, el cambio para mí fue grande y es una decisión que no tomé a la ligera, pero si muy convencida. Y al final en la nota hay una suerte de consejo o no me acuerdo bien qué...voy a ser sincera...pero decía algo de Tratar de sentirte en tu hogar donde sea que estés. Y me identifiqué totalmente...eso hago yo, de a poquito y con pequeñas cosas busco la forma de sentirme cómoda donde sea que vaya. Creo que mucho ayuda mi forma de ver las cosas, el optimismo que siempre tuve y encontrarle siempre el lado bueno a todo…aunque a veces de verdad cueste, quizás en ese momento no estás preparado para verlo, te darás cuenta después. Pero creeme, si sucede..Conviene. Es así que ando convirtiéndome en una especie de caracol trotamundos, nunca sola...Siempre conmigo misma, soy mi mejor compañera...y con todos los recuerdos de momentos y personas que aparecen de donde sea y me alegran la mañana tarde o noche. (Voy a poner el link abajo por si alguien quiere leerla)

Y el segundo fue, una nota (que no tiene desperdicio) de una profesora que aprobó una niña que en el examen no sabía nada. Lo que desarrolla ella en la prueba me llevó a recordar unos minutos de esta mañana. Resulta que me puse una campera que había dejado aquí,  y en el bolsillo encontré 2€ cuando venía caminando por una especie de peatonal Muñecas alemana…y dos minutos más tarde me compré en un puesto de frutas una bandeja de frutillas que la desie (si ya sé, está mal escrito...pero la desie) con mi alma. Como no me aguanto, la abrí a los dos segundos, saqué una frutilla, guardé el resto en la cartera, procuré limpiarla frotándomela en la ropa y le di un mordiscón con todas las ganas. Una estafa. Y me puse a pensar, como hizo esa pobre frutilla para ser tan fea, quien la sembró, la cosechó, etc etc hasta llegar a mis manos. Y me vino un recuerdo de una vez estar en Tafi en el campo con mi papá y cavar y cavar y sacar frutillas y devorarlas con tierra y todo porque eran riquísimas. Eso si eran frutillas. Y también después pensé en esa niña. Como serán las frutillas que tocan sus manos. Y en muchas otras cosas que seguro si vos lees la nota también estarás pensando.

Random....mis pensamientos no? Jajajaj...así funciona mi mente. En modo aleatorio. Y estoy feliz por eso. Porque vivo y revivo días. Y así soy feliz.

Y si llegaste a leer hasta acá, gracias por tu interés. Solo me resta transmitirte una última cosa, queda en vos hacer lo que quieras con eso. No te pierdas los detalles de tu vida. No son las groooondes cosas las que te determinan. Sino esos pequeños microinstantes de no sé qué. Y la vida se hace de momentos y momentitos que hacen momontones. Así que no te dejes pasar de largo. Y sentí, revoviná, re reproducí, enlaza, delirate....Recordá (como también leí alguna vez por ahi- re cordis-) 

Volvé a pasar por el corazón. 

Qué se yo, me re fui del tema. Qué raro. Buenas noches y hasta mañana.

¿Cómo llegué a Saladillo?



Tenía pasaje para las 12.10 con el único micro que sale por día desde Mar del Plata. Me habían invitado para hablar en la “Cátedra Abierta Ambiente y Sociedad” que organiza Ecos de Saladillos desde hace años y tuve el honor de abrir la primera charla del 2018. La cita era a las 19 hs. El horario pautado de llegada del micro era a las 18:10. Tenía 50 minutos para pasar antes por el Hotel a cambiarme y llegar 15 minutos antes como para saludar y acomodarme tranquila. 

Por suerte me acompañó a la terminal para despedirme Marcelita Golfredi porque el colectivo llegó con 40 minutos de demora y aprovechamos este tiempo para ponernos al día con algunos temas relacionados al próximo libro.

El problema apareció a 30 km pasando Tandil cuando empecé a sentir olor a plástico quemado y en menos de 10 minutos el colectivo estaba lleno de humo tóxico. Los choferes pararon en la banquina al lado de la ruta y abrieron las puertas para que bajáramos. Detectaron que era un caño roto de aceite y ambos estaban como tratando de comunicarse con alguien pero no nos daban mucha información hasta que nos confirmaron que iban a mandar un mecánico para ver si lo podían arreglar. No tuve que pensar mucho para darme cuenta que no iba a llegar a la charla y entonces dije: “yo me  voy” una señora me dijo que ella también iba para Saladillo y entonces le pregunté: “¿Querés venir conmigo?” Y aceptó. En menos de 10 minutos paró un auto de alta gama que iba para Rauch. Se trataba de Marcos, venía de hacer trámites bancarios en Tandil y fuimos hablando de la situación económica y política del país. Nos dejó  en la salida de Rauch justo en frente de una estación de servicio. Había salido el sol. Después de varios camiones, camionetas y autos que no pararon porque hacían señas de que iba por ahí no más, María Teresa me preguntó:

- ¿Vos hiciste dedo antes alguna vez?
- Si
- Yo no, me dijo, y tengo 76 años. Me tiemblan las piernas.

-    Me entró una emoción enorme. La abracé y nos hicimos unas selfies para recordar el momento. Confieso que si no hubiera estado con ella, hubiera sentido miedo pero juntas no. Tenía la certeza de que estábamos seguras,  que una iba a cuidar de la otra, que como me enseñó el feminismo, juntas éramos poderosas. Eso que estábamos viviendo era sororidad pura para mí.

Enseguida paró un camión. Nos dijo que iba hasta Las Flores. Subimos las dos valijas con rueditas que llevábamos (la mía violeta y la de María Teresa negra) y fuimos en la cabina de un Mercedes que llevaba arcilla para no me acuerdo dónde. Durante el viaje nos contó cómo le habían robado un camión en Buenos Aires y el secuestro que vivió en ese acto que, por los detalles, no quedaban dudas que el operativo lo había organizado la policía de la Provincia. María Teresa me decía: “Esta historia la tenés que contar en un libro. Esta historia la tenés que contar en un libro”. Vimos el atardecer sobre el pastizal pampeano desde la cabina.

El tramo más difícil iba a ser desde Las Flores hasta Saladillo. Ahí hay menos circulación de vehículos pero además, ya iba a ser de noche.  Nos salvó Gabriel que era parte de la organización de la Cátedra y salió con su camioneta a nuestra búsqueda justo cuando le dije por teléfono que estaba en Rauch haciendo dedo para llegar. Habíamos quedado en encontrarnos en la rotonda donde su cruzan la ruta 3 y la 30 (manejó 80 km de ida y 80 km de vuelta por nosotras). Me cambié y maquillé en el baño de una estación de servicio (“La Punto com”  le dicen) y enseguida nos subimos al último vehículo.

Ya en la camioneta, con Gabriel y su hija Rocío, María Teresa me dijo “Gracias por esta aventura, no me voy a olvidar nunca de vos”. “Y obvio que yo de vos tampoco” le dije, agarrándole la mano en el asiento de atrás.

Llegué a la presentación 20 minutos tarde tragando unas galletitas y saludando a las personas con las que conectaba con la mirada mientras me subía al escenario del SUM del Instituto de Formación Docente nº16. Mientras contaba sobre la historia del libro y explicaba lo que significa la agroecología para mí, me fueron alcanzando mates desde el público. Supe más tarde, que “El Rápido Argentino” llegó a la terminal de Saladillo a las 22. El pasaje de vuelta me lo dieron gratis.

Yo siempre supe que iba a llegar al evento. Estaba en el plan presentar “Frutillas” en los pueblos de Buenos Aires aún antes de que el libro existiera. Y esta historia, como tantas otras que se cranean desde el corazón, tiene magia asegurada.

El libro Frutillas ya está listo

Diseño tapa: Martín Gorricho
Foto: Laura Atienza

Dijo que no sabía nada



Este año tomé horas en una escuela en Sierra de los Padres, una localidad del Partido de General Pueyrredón que cuenta con una población estable de unos 4 mil habitantes. El lugar forma parte del sistema montañoso de Tandilia y está compuesto por sierras de unos 150 metros de altura. La vegetación es muy diversa y se pueden apreciar pastizales, monte y bosque. En el espacio conviven un barrio residencial con calles que respetan la topografía y campos productivos ubicados sobre los márgenes; siendo el más destacado en la actualidad por su rentabilidad, el cultivo de frutillas. Hay varias agro-empresas operando en la zona y todas contratan mano de obra boliviana y han recibido diversas denuncias por parte de organizaciones sociales y ambientales que señalan, no sólo situaciones de semi-esclavitud en relación a la mano de obra, sino que han advertido sobre el uso de agroquímicos como parte del paquete tecnológico de producción.


Esta semana me citaron para evaluar a una estudiante que debía una materia que la habilitaría, en caso de aprobarla, a pasar de año. El director me anticipó que el nivel académico no era bueno pero que era una alumna que se esforzaba mucho para estar en la escuela.


Como no fue estudiante mía decidí preguntarle a ella los temas que habían visto en geografía el año anterior; pero no se acordaba ninguno. Con piel morena y voz muy bajita, me dijo que no había podido estudiar porque no tenía libro ni carpeta. Entonces le dije que yo tenía toda la voluntad de aprobarla pero que era fundamental que escribiera algo que justificara la nota.


A pesar de mi insistencia no supo decir nada en relación a los contenidos de la planificación anual y entonces le pregunté:

¿De las frutillas sabés algo?
Abrió los ojos enormes.
Si, me dijo.

Entonces sobre la hoja de carpeta que ella misma me dio escribí:


Evaluación de Geografía

Fecha: 07/04/16
Año: 2º

Estudiante: G.C

1) Describir una actividad económica



y ella preguntó:



¿Puedo escribir también sobre Bolivia? Porque yo soy Boliviana.


Si claro, le dije. Entonces agregué:



2) Mencionar los aspectos más importantes del algún país latinoamericano.



A las dos horas me entregó 3 hojas escritas de ambos lados con letra clara y prolija.


Hacia tiempo que no corregía una evaluación con tanto entusiasmo. Todo el relato de esta nena de 14 años aportó sin duda, a mi formación como geógrafa y como docente. Comparto el desarrollo de la evaluación porque creo que no pueden quedar estos contenidos sólo en mí.
Corregí las faltas de ortografía y agregué algunos signos de puntuación para facilitar la lectura.



1)

En la frutilla trabajan aproximadamente 200 personas que cosechan la fruta, limpian el campo, sacan las hojas, sacan la maleza, tienen que carpir. Ahora pagan más que antes aún mejor, pagan todo lo que hacen si carpean, limpian la cunita, etc. Algunos niños trabajan ahí aproximadamente de la edad de 13 años para arriba y algunas embarazadas también pero no hacen tanto esfuerzo o si no, no trabajan. Eso depende de ellas. A veces lo hacen para ayudar a sus maridos. Algunos de ahí, bueno casi todos, son juntados. 

Casi todos los bolivianos trabajan en el campo y siempre llegan cansados y que no le toman importancia a los hijos que nunca le preguntan nada qué cómo estás o algún problema en la escuela. 

Las frutilla se cosecha en cunitas en un carrito y un balde. El balde es para descartable y la cunita es para armar caja. Eso se llama embalada. A mí me gusta embalar y armar cajas y claro a la frutilla se le pone esa cosa rara en las plantas. Las riegan con un tubo que está debajo del plástico. Lo ponen los tractores. 

Las cajas con frutilla y las cunitas con frutilla descartable se lo lleva un tractor que viene a las 12:15 o cerca aproximadamente y a la tarde también. 

Los bolivianos pueden soportar más el campo que los argentinos porque los bolivianos tienen el trabajo más pesado y los argentinos están en las oficinas o será porque ellos si pudieron estudiar? Yo pregunto en mi casa porque no estudian porque no hay tiempo es la misma respuesta que me dan todos los días. 

Ya que la frutilla es una empresa a nosotros nos dan techo, agua potable, luz menos gas. Pero claro a veces nos quitan un poco de plata para ayudar en las pagas. Para que los padres se vayan tranquilos a trabajar hay una guardería que los cuidan. Ahí les dan desayuno, comida y merienda y hay reuniones para levantar la basura. Porque además de levantar la basura de su casa, tienen que levantar la basura del patio o del suelo del baño y sino están presentes, tienen que pagar 5 pesos por cada día que falten.

También hay donaciones que mandan o traen en camiones y se le dejan a una señora que se llama Graciela y parece que ella se queda con las ropas de las cosas bonitas que llegan y lo descartable lo dejan en una carretilla para que la gente lo use. 

2)

Bolivia me encanta porque la primera vez que fui me encantó. Cuando es de noche todas las luces se encienden de todos colores y yo escucho tambores y cosas así como una banda porque mi casa está en una montaña. Me acuerdo cuando fui a la cancha. La cancha es una cosa que llega casi a la terminal. Hay tiendas de comida, ropa, bebidas y cosas de mercadería. A mí me gustó donde venden caña de azúcar.

En Bolivia hay montañas chicas y en la escuela les dan uniformes. Sabía que en el jardín de niños estudian las lineas, los cuadrados, triángulos y números? 

La gente del campo vive en casas de barro y paja y lo único que comen es chuño y mate y cuando es cumpleaños de alguien de la familia comen seco que significa arroz con papa y ensalada y carne seca y queso de vaca y de desayuno arroz con leche y buñuelo. Todo eso lo cocinan en una clase de horno a la parrilla y yo me sé el nombre pero no sé cómo se escribe. 

La gente, más bien las mujeres, tienen que ir con ropa lavada desde su casa hasta que llegan a un río caminando y la ropa la llevan en un aguayo en la espalda. Más o menos lo que tienen que caminar es desde aquí hasta Sulema para enjuagar la ropa. 

Alguna vez comió tostado? Se hace con habas. Las hacés secar al sol hasta que estén más secas. Después tenés que poner en una olla sal y después poner las habas secas y tostarlas hasta que revienten. Mi abuela las hacía. Sabe que mi abuela tiene ochentaialgo y fue al doctor y le dijo que estaba muy fuerte ella? Vive en el campo y solamente dos veces la vi. 



La aprobé. La abracé cuando se fue. Le pedí permiso para compartir su texto en internet y le dije que escribiera todo lo que pudiera porque escribir hace bien y porque siempre hay cosas importantes para contar. Con un 4 (cuatro) pasó de año y por eso no estará en mi aula durante este ciclo lectivo, pero espero cruzármela en los pasillos o en el patio y preguntarle:

¿Cómo fue tu día de ayer? ¿Lo querés contar en un papel?






Dijo Simone de Beauvoir: “Su libro me ha causado una gran emoción”


Empecé por escribirle cartas a mi madre desde un sitio en que los únicos acontecimientos eran mis pensamientos. Empecé a seguirles el hilo, a vigilarlos, a demorarme en este o en aquel, cuando alguno me parecía esencial. En pocas palabras, a elegir. Nunca dudé de que todas las ideas pasan por todas las cabezas, que escribir no es un talento especial (como lo son la música o las matemáticas), que la única diferencia entre alguien que escribe y alguien que no, es por una cuestión de técnica (o de paciencia); sobre todo de la técnica de conocer y controlar las evoluciones del pensamiento.

Ana Novac. Libro “Aquellos hermosos días de mi juventud”.

Fragmento del prólogo escrito por ella misma donde explica cómo logró sobrevivir a una realidad sin consuelo. Ana Novac era judía y en 1944, siendo una adolescente, fue deportada a Auschwitz donde sufrió todo tipo de torturas. Medio siglo después se publicó una versión del Diario que la joven había escrito desde el mismísimo infierno. Lo admirable es que entre lo perverso, lo brutal y lo cínico descargado con saña contra su frágil cuerpo, ella logró pensar: "Escribo, luego soy".


 

Registro fotográfico varamiento de orcas en Mar del Plata

Al parecer se desorientan por la contaminación sonora.
No existían las fotos digitales en 1946 en Argentina para uso doméstico. La gente se agrupaba para ver a las orcas que aún estaban con vida agonizando sobre la orilla. Se estima que alrededor de 4000 personas vieron el trágico suceso. 
Las orcas son cetáceos. Pesan aproximadamente 500 kg. Viven en el mar siempre en grupos grandes. Comen pescados y mamíferos acuáticos pequeños como lobitos marinos. Desde la prehistoria hasta la actualidad se han registrado varamientos masivos en las costas de los 5 continentes. Autores como Platón y Fontanarrosa escribieron sobre esta extraña conducta de morir en grupo cambiando el habitat. 

Esta es la foto más vista sobre ese día.  


La foto tiene muy mala calidad porque pasó por varios soportes digitales e impresos antes de llegar hasta acá. En 1946 el "Gran Hotel Provincial" ya estaba casi listo. Una obra magnífica y enorme que se hizo sobre la misma franja costera para atraer al turismo. La actividad más rentable del complejo hasta el día de hoy es el Casino de la Provincia de Buenos Aires. El dueño de todo es el señor Iglesias.  

Sin mensajes de texto la noticia igual corrió como pólvora. Una multitud de acercó para ver si era real lo que estaban contando. Antes de ir a la escuela, familias enteras pasaron por la playa para conocer a las orcas. Los guardapolvos blancos en Argentina son un símbolo de la educación pública. 

Las orcas son una extraña mezcla de ballenas y delfines: tienen forma de delfínido pero son negras y blancas.
Son mamíferos que amamantan a sus crías hasta que puedan comer por sus propios medios. Además tienen aletas como la mayoría de los tiburones. En el fondo de esta foto se ven los chalets típicos que se construyeron en Mar del Plata para el placer de las élites en el poder. 

Los obreros también dijeron presente. Cuando están en el agua las falsas orcas hacen piruetas sobre el aire. También saben subirse con velocidad sobre los bancos de hielo como para cazar y volver rápidamente al agua, su medio natural. 
La boca de este ejemplar ya estaba llena de arena. 
Era un día soleado de octubre. En esta foto se ven personas descalzas sobre la arena mojada. El niño lleva un objeto extraño en la mano derecha. Son muchas las personas que cuentan que a los animales, aún agonizantes, se los cortó con cuchillos (estuvieron quienes tallaron su nombre sobre los cueros grasos y frescos). 
Esta mujer recuerda perfectamente ese día. Todavía se le llenan los ojos de lágrimas cuando relata lo que vio. 

Esta es la foto que más tétrica me resulta. Las sombras de la gente curioseando genera un efecto de luz muy particular.
Son muchas las dudas:¿Hay relación entre lo que ocurre entre el mar y la tierra? ¿Qué pasó en la arena ese día? ¿Qué inventos ya manejábamos? ¿Quiénes administraban las políticas públicas y privadas en ese momento? ¿Cómo se pensaba y sentía la relación sociedad naturaleza después de las bombas atómicas y las guerras? ¿Cómo y cuándo se despejaron las playas? ¿Quiénes dieron las órdenes?
Para mí los animales se aturden por una variación en la frecuencia de las ondas sonoras. Cito:
"Más concretamente el ruidio de los aparatos de uso militar afecta de una manera tan brutal a los cetáceos que estos pueden optar por subir a la superficie. (...) Al vivir en un mundo acústico el sufrimiento que las impulsa a salir del agua podría obedecer al deseo de escapar de una tortura acústica insufrible. Exactamente igual que el salto al vacío de una persona que se tira por la ventana de un edificio en llamas cuando ya no puede aguantar en su cuerpo el calor recibido por la radiación infrarroja".




Un lugar mágico

Reserva Natural y Educativa Verde Mundo. Barrio San Jacinto. Mar del Plata. Foto de + Santiago Roura

Televisión

La Televisión Pueblerina nace en el Partido de 25 de mayo (Provincia de Buenos Aires) y actualmente se desarrolla en la ciudad de Mar del Plata. Es una serie "on line" en donde no se menciona qué número de capítulo se está viendo. Se busca que el protagonismo lo tengan las personas contando de varias maneras distintas, las múltiples experiencias de vida que existen con formatos flexibles.  Entendemos  a las  herramientas audio visuales como una posibilidad de espacio y tiempo en donde los pueblos puedan expresarse libremente.
Realizamos una televisión sensible que propone un nuevo espacio en la pantalla donde el contenido resulta un puente amigable entre la realidad mediática y la vida misma. Documentamos y compartimos en soporte televisivo, on line y cinematográfico procesos de construcción colectiva. El mar se nos presenta como una metáfora viva que influye tanto en las personas como en los movimientos sociales. La idea es poner en juego la fuerza de lo grupal, el trabajo cooperativo y autogestión para prefigurar formas de vida vinculadas con amor entre pares y con la naturaleza.

Fuimos y somos parte de organizaciones que vienen desarrollando trabajo social y producciones artísticas.

Nuestro estudio principal: Reserva Natural y Educativa Verde Mundo.
Propuestas Estéticas:
https://www.youtube.com/watch?v=xmwIxntSrtU
https://www.youtube.com/watch?v=n-TYfb8urVs
https://www.youtube.com/watch?v=Nma8oR9Cqa0

Equipo y elenco tentativo

Guillermo Pastorino. Dirección de cámara y edición de videos.
Lucía Gorricho. Producción y diseño de audios.
Santiago Roura. Relaciones Públicas y Producción artística.

Zona de los archivos adjuntos
Vista previa del vídeo Charlita Playera: Capítulo 2 / Amor, Memoria y Poesía Frente al Mar / Televisión Pueblerina MdP : ) de YouTube
Vista previa del vídeo Televisión Pueblerina Adelanta Televisión Pueblerina Mar del Plata : ) de YouTube
Vista previa del vídeo Colectivo Reciclón: Educación Popular / Televisión Pueblerina MdP : ) de YouTube

Un suicidio que llama a la reflexión.

El 1946 una enorme cantidad de orcas eligieron para morir la costa galana de Mar del Plata. Aunque parezca increíble, durante días las playas de toda la ciudad fueron invadidas por 835 cetáceos. Llegaron con vida y se fueron depositando sobre la arena la tarde del 10 de octubre. Se estima que pesaban más de media tonelada y que medían entre 5 y 6 metros de largo (con excepción de las crías). El suceso fue obviamente impactante y las explicaciones humanas no alcanzaron para comprobar con métodos científicos, ninguna hipótesis.
Hay fotos, publicaciones escritas y personas que estuvieron ahí y aún viven para contarlo, que demuestran que este hecho es cierto. El diario “La Capital” en su edición por su 75° aniversario, le dedicó una hoja entera a este episodio y tituló la nota de la siguiente manera: “Toninas o Falsas Orcas pesaban más de 500 kg”. En la única foto del artículo, de impecable calidad artística, se pueden ver a los animales con sus aletas y toda su piel brillante, depositados en la orilla y a cientos de personas curiosas recorriendo el lugar. Al pie de la imagen se puede leer: “Durante tres o cuatro días, miles de personas concurrieron a la playa. Fue en octubre de 1946. Nunca antes había ocurrido parecido en nuestra ciudad. Se afirmó que al faltar el macho, las hembras se suicidaron” y la nota describe algunas de las repercusiones que el acontecimiento ameritó.
Quien también escribió seriamente sobre este tema, fue el ingeniero Alberto Lagrange en su famoso libro publicado por la Fundación Bolsa de Comercio de Mar del Plata titulado: “Mar, Playas y Puerto” editado en 1993. El artículo se llama “Llegaron las orcas. Presencias extrañas” y cuenta que imprevistamente en pocas horas, “cetáceos desconocidos de gran porte llegaron para morir con porfiada insistencia”. Lagrange describe que desde Hidráulica, el personal municipal, se esforzó en llevar a algunos ejemplares aún con vida devuelta al mar, pero que los intentos fueron en vano porque los mamíferos volvían a la arena por propia voluntad para morir. En este triste y sentido relato, se dice que nunca se pudo esclarecer este misterioso suceso y se realiza un recuento de algunas posibles hipótesis que científicos del momento, periodistas, pescadores y militares argentinos esgrimieron.
Desmenuzando lo escrito.
En la primera cita que hace Lagrange, nombra a Enrique David Borthiry del ya mencionado diario “La Capital” reforzando la justificación machista. Más allá de la acusación sexista esta idea es, a mí entender, improbable de sostener porque en ese momento no hubo tiempo, recursos, ni personal capacitado para hacer un análisis minucioso de la sexualidad de estos mamíferos.
La información se amplía en el artículo con la opinión de de Carlos Marelli que fue director del Jardín Zoológico de La Plata y que aseveró que se trató de “delfínidos desconocidos de gran porte que tienen la particularidad de realizar suicidios colectivos”. Si bien esto no explica los motivos, agrega antecedentes: ocurrieron sucesos similares en 1880 en Alemania, en 1903 en Nueva Zelandia, en 1927 en Escocia, en 1929 y 1930 en Sir Lanka, en 1931 en Sudáfrica y en 1936 otra vez en Escocia.
La tercera opinión es del Capitán de Fragata Teodoro Bois que sumó mayores datos: “La autopsia de los animales disecados estableció la ausencia total de alimentos en el estómago y el estado perfectamente normal de todos los órganos”. De acá se destierra la intoxicación como una posible causa de las muertes y se agrega un probabilidad más real: murieron por hambre. Sin embargo, la riqueza ictícola de nuestras costas en la década del cuarenta, descarta que ello haya sido posible. Es decir que si no comieron, fue por no quisieron ya que la plataforma marina cercana estaba llena de bancos de especies marinas. Era tal la presencia de peces en el mar que nuestra ciudad llegó a desarrollar uno de los puertos capitalistas más importantes de toda la costa atlántica.
Los pescadores según el autor, desacreditaron a Bois porque aseveraron que había existido previamente a esta tragedia, otra que para el sector era importante: habían ya desaparecido los bancos de anchoitas. Pero esta hipótesis quedó también descartada porque estos animales son migratorios y de amplia dieta. También se desechó la hipótesis de que murieron a causa del cambio en la temperatura del agua, sobre todo por su capacidad ambulante.
Quedan publicadas dos ideas más pero sin fuente, que son difíciles de rebatir: una es que perdieron a su líder natural y que por eso mismo, el grupo entero quedó desorientado y se suicidó en masa; y la otra hipótesis que se considera factible (aunque no se citan estudios y es imposible técnicamente realizarlos ahora) es que un parásito haya perjudicado su sistema auditivo y que por eso mismo, perdieron el sentido de orientación y quedaron varadas en tierra firme.
Yo también escribo sin saber lo que pasó, pero como no puedo con mi genio, me puse a investigar y recibí en esta aventura pseudo periodística, mucha ayuda. De hecho, se ofrecieron técnicos, artistas y estudiantes a colaborar buscando más datos para mantener viva, al menos una parte, de la memoria ambiental. Encontré testimonios de personas que también sabían del acontecimiento por comentarios y relatos familiares y visité algunas instituciones reconocidas académicamente. Así me enteré que:
Muchas personas habrían cortado y baleado a los animales y que por eso, la policía tuvo que prohibir el acceso a la playas.
Hay sólo dos ejemplares disecados: uno está en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata y el otro, se desconoce el paradero.
Las “falsas orcas” emitían sonidos tipo “llanto de bebé” que se llegaban a escuchar inclusive desde las casas cercanas a la playa.
Llegaron cuando empezaba la tarde y fueron muriendo de a poco, durante el transcurso de la noche y durante el día siguiente.
El espectáculo se fue haciendo cada vez más horrible porque los ejemplares se fueron descomponiendo y largando olor putrefacto durante varios días.
La mayor concentración de los cuerpos se localizó en unos 6 km de recorrido entre las playas que van desde La Bristol hasta Camet, pero que se llegaron a ver hasta en la zona de los acantilados cercanos a Miramar. Es decir, estuvieron en toda la amplia franja costera que posee la ciudad de Mar del Plata.
Más datos y comentarios en borrador.
Con respecto a las acciones tendientes a despejar las playas para recuperarlas para la actividad turística y recreativa, se dice que se las llevaron en lanchas a mar adentro, que las trozaron con motosierra y que las enterraron camino a Sierra de Los Padres y también que “el mar solo se encargó de despejar el espacio nuevamente”. Es decir, así como el mar las trajo, el mar se las llevó.
Por mi parte, y sin descuidar otras responsabilidades personales, seguiré buscando datos y opiniones en mi deseo de encontrar explicaciones que den sentido a lo aparentemente inexplicable. Si bien aún existen testigos, tienen que ser personas mayores de 75 años que hayan vivido o estado de paso en Mar del Plata, que se hayan enterado del hecho sin la presencia abrumadora de los medios y recursos actuales de la comunicación, que hayan podido ir a la costa en esa oportunidad, que se acuerden y que además, encuentren la forma de transmitirlo en un relato coherente (científico o no) a pesar del tiempo transcurrido. Es difícil pero no imposible.
Para mí no hay que perder de vista esta característica irrefutable que se aplica a toda mi concepción acerca del mundo natural: los animales no se expresan a través del lenguaje (ni oral ni escrito), pero sí pueden decirnos muchas cosas. ¿Las orcas trataron de decirnos algo? No lo creo. No somos el centro del Universo. Si el planeta tierra no lo es, mucho menos, la especie humana. No sabemos hasta ahora, los motivos que pudieron tener estos animales para deliberadamente dejar de vivir. Tampoco sabemos si tenían siquiera un mensaje, pero el hecho ocurrió. Eso es una verdad que sirve como pilar para reflexionar.
Por último, no sé que les vendrá a ustedes a la mente cuando escuchan nombrar al año 1946. A mí me dice ante todo, que fue el primer aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial (guerra que se desarrolló fundamentalmente en el agua). Después pienso en Perón en el poder y en los submarinos nazis que estuvieron ese mismo año en nuestra costas desplegando cruces esvásticas. Pienso también en el desarrollo industrial incipiente pero decidido, en la poca prensa que tenía el ambietalismo en ese momento, en el ocultamiento de este hecho y en mi propia ignorancia por ser marplatense de nacimiento, amante de la naturaleza desde siempre, profesora de geografía, curiosa y justiciera y recién a los 34 años y de la mano de un libro que heredé de mi abuelo y que recién ahora releo con detenimiento, me vengo a enterar que los suicidios de las orcas son reales, que el lugar que eligieron para morir fue mi propia casa y que a pesar de la bronca y el dolor por las pérdidas, una vez más, no quedan claras las responsabilidades. Por suerte o por destino, somos muchas las personas que aprendimos que la búsqueda del saber, nos acerca cada día más a la pretendida libertad. ¿Se hará justicia en este caso? No estoy segura, pero tengo el derecho de aportar en esta investigación absurda que se parece a la búsqueda de una utopía. ¿Para qué sirve buscar la justicia? No sólo para encontrarla, sino para seguir andando por esta vida con un horizonte de dignidad. Estas orcas ya no están, pero quedan muchas otras por salvar. La verdad, tarde o temprano, por algún lado se asoma y así tendremos más razones para actuar en consecuencia. Este suicidio nos interpela a seguir pensando.
Lucía Gorricho.
abril de 2014.



Escribir es mi forma de besarte

"...No te enamores de una mujer que lee, de una
mujer que siente demasiado, de una mujer que
escribe... No te enamores de una mujer culta,

maga, delirante, loca. No te enamores de una
mujer que piensa, que sabe lo que sabe y
además sabe volar; una mujer segura de sí
misma. No te enamores de una mujer que se ríe
o llora haciendo el amor, que sabe convertir en
espíritu su carne; y mucho menos de una que
ame la poesía (esas son las más peligrosas), o
que se quede media hora contemplando una
pintura y no sepa vivir sin la música. No te
enamores de una mujer a la que le interese la
política y que sea rebelde y sienta un inmenso
horror por las injusticias. Una que no le guste
para nada ver televisión. Ni de una mujer que es
bella sin importar las características de su cara y
de su cuerpo. No te enamores de una mujer
intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras
enamorarte de una mujer así. Porque cuando te
enamoras de una mujer como esa, se quede ella
contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una
mujer así, JAMÁS se regresa...".

Martha Rivera-Garrido

Gratitud


Gracias aroma  
azul,  
fogata  
encelo.  
   
Gracias pelo  
caballo  
mandarino.  
   
Gracias pudor  
turquesa  
embrujo  
vela,  
llamarada  
quietud  
azar  
delirio.  
   
Gracias a los racimos  
a la tarde,  
a la sed  
al fervor  
a las arrugas,  
al silencio  
a los senos  
a la noche,  
a la danza  
a la lumbre  
a la espesura.  
   
Muchas gracias al humo  
a los microbios,  
al despertar  
al cuerno  
a la belleza,  
a la esponja  
a la duda  
a la semilla,  
a la sangre  
a los toros  
a la siesta.  
   
Gracias por la ebriedad,  
por la vagancia,  
por el aire  
la piel  
las alamedas,  
por el absurdo de hoy  
y de mañana,  
desazón  
avidez  
calma  
alegría,  
nostalgia  
desamor  
ceniza  
llanto.  
   
Gracias a lo que nace,  
a lo que muere,  
a las uñas  
las alas  
las hormigas,  
los reflejos  
el viento  
la rompiente,  
el olvido  
los granos  
la locura.  
   
Muchas gracias gusano.  
Gracias huevo.  
Gracias fango,  
sonido.  
Gracias piedra.  
Muchas gracias por todo.  
Muchas gracias.  
   
Oliverio Girondo,  
agradecido. 

Mataron a mis perras



Quiero compartir a modo de denuncia pública y como una forma más de procesar el duelo, la trágica situación que viví la semana pasada debido al asesinato de mis dos perras. Jochi me acompañaba desde hace doce años y Lua era de una amiga que tuvo que viajar a España por un problema familiar, y la dejó a mi cargo.


Los sucesos trágicos


Después de varios días conviviendo, el jueves 22 de marzo, la dejé a Lua atada en mi jardín a la mañana con acceso a sol, sombra y agua fresca. Me fui a trabajar y cuando volví ya no estaba. Alguien la soltó. No sé quién ni por qué, pero el collar con la identificación tampoco estaba. Sólo quedó atado al alambrado, la correa con su traba de seguridad. Hice carteles pidiendo por ella con fotos y mis datos. Fueron cinco días de incertidumbre, de dudas, de angustia, de miedo por la desaparición de esta perrita rebelde pero indefensa, que nos esperaba hecha un bollito en la puerta de casa hasta que volvíamos.
A Jochi la encontré el martes 27 de marzo como si hubiera protagonizado la más horrible película de terror, degollada en el jardín de entrada. Es una imagen que nunca voy a olvidar: su cuerpo negro y marrón estirado y tieso, los ojos abiertos y un rojo furioso que sobresalía de su cuello. Entré en crisis y en llanto y paré a un patrullero que justo venía a una cuadra por calle de tierra. Mi hijo de 7 años estaba viendo la escena desde el auto. La policía me preguntó si tenía enemigos y les dije que no, que era nueva en el barrio. Dieron vueltas por la casa pensando que tal vez, habían matado a Jochi cuando intentaba defender la casa de un hurto, pero nadie entró a robar. Llamé al papá de mi hijo para que me ayudara con la situación y vino enseguida a compartir la espantosa tarde de frío y llovizna. La policía dio vueltas por la casa y en el terreno de al lado encontraron para mi desgracia, a Lua también muerta. Llevaba varios días así (sin que nadie velara por ella), pero no tenía signos aparentes de violencia. En medio del pánico y el caos, llamé a un veterinario amigo y también se hizo presente para ayudar con lo que fuera necesario. Dijo que Jochi tenía cortes en una oreja y en las patas y que necesitaba hacer una autopsia para obtener más datos, pero según él, la perra murió luchando contra un machete u otro elemento cortante similar. No quise hacer autopsias. No tenía plata ni ganas de hacer traslados ni trámites engorrosos que sólo iban a servir (pensé en ese momento) para profundizar mi angustia. Federico, el papá de mi hijo, fue quien trajo a Jochi a vivir con nosotros cuando estábamos juntos. Era una cachorra hermosa que apareció una noche de abril del año 2000 pidiendo un lugar. A pedido mío y para esconderla de la vista, Federico se tomó el trabajo de taparla con una manta blanca en donde las perras se echaban cuando estaban en el jardín. Mientras tratábamos de tomar un té, llamé también llorando al jardinero que había estado cortando el pasto unos días antes y vino enseguida con su hijo de veinte años, para hacer el pozo. Ellos se encargaron sin pedir nada a cambio, de enterrar a las perritas en el terreno donde Lua había aparecido muerta. Al día siguiente, improvisé una tumba con flores y piedritas que había traído Manu de la playa unos días antes. Todavía están, sobre el bulto de tierra, decorando los cuerpos del delito.


El lugar de los hechos


Todo esto sucedió en el Barrio San Jacinto de la ciudad de Mar del plata. Es un barrio del sur que tiene acceso directo a las playas más lindas de la ciudad, pero que aún, no está muy habitado ni explorado por academias ni empresas. Hay muchos terrenos sin viviendas en donde suele haber caballos sueltos y atados. Lo cruza por la mitad un arroyo y se encuentra (viniendo desde el centro), detrás del Barrio Alfar y de la Reserva Forestal Bosque Peralta Ramos. Conviven viviendas lindas de balneario, casas modestas de gente trabajadora y casillas precarias de personas con poca instrucción educativa y cultural. Gente sin agua potable por falta de pozos bien hechos, que recurren a la asistencia pública cuando la salud está en riesgo y sin medios de transporte propios para trasladarse. Hay muchos perros galgos (que entrenan para corren y matar a libres y mulitas). También hay vacas, ovejas, gallinas, pavos y gansos que en muchos casos, están sueltos. Además hay cotorras, lechuzas, pájaros carpinteros y demás aves volando haciendo ejercicio de su plena libertad. Hay perros atados con cadenas durante el día y la noche que ladran a quien pasa por la vereda expuestos al sol directo, la lluvia y el frío. También hay perros sueltos que cuidan celosamente sus veredas toreando a las personas y mordiendo a otros perros que pasan por ahí (Jochi había sido mordida en una de sus patitas traseras unas semanas antes de su muerte por dos perros violentos y de raza que viven con un vecino al cual aún no conozco en persona). Es la única calle pavimentada que cruza la principal donde vivo yo, conviven en el espacio un almacén, la sociedad de fomento y el Centro Cultural Pucará. Hay dos o tres comercios más y mucho tránsito los días de playa ya que el barrio separa, por sólo 20 cuadras, la avenida Edison de la ruta costera. Por la calle principal, que es de tierra alisada y doble mano, circulan en general a gran velocidad camionetas de lujo, autos, camiones, tractores y un colectivo de línea que se usa mayoritariamente para viajar hasta el hospital regional de Mar del Plata. Para esperar al colectivo que pasa cada una hora, hay garitas blancas cada dos cuadras o más y todas tienen graffittis hechos con stencil y aerosol negro que dicen “Yo amo CFK”.


Mi llegada al barrio y dos sucesos que pudieron haber tenido relación con los asesinatos


Hace dos meses que compré esta casa en donde llegué buscando menos ruidos, aire puro y tiempo libre. Vinimos para instalarnos en temporada de verano con Manuel, Kapoor (nuestro gato de un año) y Jochi. Desde el primer día, vinieron muchos perros a conocerme y algunos a buscar comida. Uno de ellos (Terri) se quedó conmigo desde entonces y se hizo amigo de Jochi. Recibimos varias visitas de familiares, amigos y amigas que por primera vez pisaban San Jacinto. Unos días más tarde, trajimos a Lua con mucha alegría. Terri según me dijeron, tiene una dueña, pero aún no la conozco. Sólo sé que tiene cuatro perros atados y a este, lo tenía suelto y subalimentado. Todavía no sé si es mío, pero lo estoy cuidando y atendiendo con el mismo amor y cariño con el que cuidaba de Jochi y Lua.
Una tarde en la que íbamos a pasear por la plaza Soberanía construida por la Cooperativa del barrio que queda a dos cuadras de mi casa, Lua atacó a unas gallinas que estaban sueltas. El dueño que estaba junto a dos hombres más construyendo la parte de atrás de una vivienda, empezó a llamar a los gritos al "negro" (un obrero que estaba ahí) para que traiga un palo. Ni el negro con el palo en mano ni yo, pudimos dar con la perra que como loca, corría persiguiendo a las aves. Por recomendación del otro obrero, nos fuimos rápido y con mucha angustia del lugar (Manu llevaba la bici en sus manos). Esa misma tarde, volví con mis disculpas y la billetera para pagar la gallina que el dueño decía que Lua había matado. No me quiso cobrar. Me habló de muy buena manera y entendió mis explicaciones. Lua nunca había tratado con gallinas. Era una perra de ciudad. Desde ese momento, siempre estuvo adentro o con correa.
Jochi había toreado a la vecina de enfrente. Me mandó a decir por un vecinito, que la ate porque le tenía miedo a los perros y a los caballos y dijo que si no la ataba “iba a llamar a la policía”. Dos días antes, habíamos estado charlando sobre las características del barrio y nuestras vidas y me regaló dos zapallos de su producción. Tiene un perro atado afuera, que en palabras de ella es “su garantía”. El sábado en el que Lua estaba desaparecida, estuvimos hablando sobre las realidades del barrio y los antiguos dueños de mi casa que ella muy bien conocía. Durante la conversación, en la que se quejaba del abandono de algunos terrenos y la especulación inmobiliaria que hay en torno a ellos, me comentó que había un perro muerto en el terreno de atrás de mi casa. No me imaginé que era Lua y no fui a ver. Pensé que hablaba de un perro muerto desde hace mucho tiempo. No sé aún, cómo sabía que Lua estaba ahí. No quiero ir a preguntarle. No quiero tener ningún acercamiento con ella por ahora. Mariano, mi compañero desde hace tres años, está esperando que se le pase la ira y llegue la oportunidad para ir a increparla.
Mis vecinos de 10 y 14 años dicen que hay perros muy malos que la pueden haber matado a Jochi ya que a ellos también les mataron a una perrita que adoraban. Para sanar mi angustia, me ofrecieron regalarme un labrador cachorro negro que podían conseguir gratis (a ambos, les estoy dando clases de apoyo para ayudarlos con la escuela). No descarto el ataque de otros perros hacia Jochi, pero lo cierto es que fue agredida en otro lado y llegó a mi casa para morir. Lo sabemos porque dejó una huella de sangre justo a su altura en un poste de entrada. Los perros "malos" viven hacia el otro lado por donde ella entró malherida.


Una hipótesis más por la muerte de Lua


Algo ya había escuchado cuando vivía en el barrio San José, pero ahora confirmé por buena fuente, que el año pasado, mataron con veneno a más de 20 perros en el Alfar. Para matar a los animales algunos desalmados, ponen sobre churrascos de carne, venenos específicos ya prohibidos por ley desde hace unos años, o cualquier dosis alta de veneno para ratas o insectos. También hubo por la zona, muchos perros muertos por parvovirus y otras enfermedades infectocontagiosas. No hay estadísticas serias sobre las matanzas impunes ni sobre la falta seria de atención pública veterinaria. No hay detenidos y no hay tampoco una política concreta de prevención para que esto no vuelva a suceder.


Mi situación y algunas reflexiones


No quiero pensar que fue una acción dirigida hacia mí persona. No discutí con nadie y las perras no eran particularmente molestas ni agresivas. Los únicos dos episodios condenables, fueron los que comenté anteriormente. Todo lo demás, ha sido hermoso en este lugar. Desde la energía de la casa, hasta la excelente recepción de vecinos, vecinas y comerciantes. Nadie me amenazó ni me advirtió nada, y sin embargo, mucha gente, me ofreció su números de teléfonos, ayuda en general y buenos consejos.

Me llevará tiempo hacer el duelo por estas dos terribles pérdidas. Jochi era mestiza, le encantaba correr y se entretenía masticando huesos. Me cuidaba celosamente y me acompañaba a todos lados. Estuvo en reuniones de todo tipo, marchas y tomas. Ahora de vieja, roncaba por las noches y estaba en tratamiento por una enfermedad hormonal provocada por una mala praxis veterinaria cuando tenía un año. Era hermosa por dentro y por fuera. Lua era mediana, amarilla y muy activa. Tenía dos años y había sido rescatada por Sole y Nico de la calle cuando era chiquita estando desnutrida y enferma al lado de una ferretería cerrada. Le tenía miedos a los gatos y le encantaban los mimos. Ambas tenían la vacunación completa, estaban castradas, se alimentaban con comida casera y dormían adentro en sus cuchas de goma espuma y tela lavable.
Con Jochi, Lua y Terri fuimos varias veces a la playa en donde jugaron con otros perros y personas amigas de los animales y estaban aprendiendo a nadar cada vez que yo me metía al agua.
Desde el martes de la tragedia ando llorando por los rincones, pensando en ellas, en los momentos hermosos que compartimos y en la perversidad de quien mata animales como si fueran objetos de poco valor. Me aparecen imágenes de calidad fotográfica de sus cuerpos ya sin vida y otras imágenes como en cine sonoro de ellas jugando con la espuma, corriéndose las colas, dando besos y pidiendo rasgando con sus patas contra las mías, compañía o comida.
Pienso en la crueldad sin límites, en el sufrimiento de mi hijo por las ausencias y en el impacto que este hecho tendrá en su memoria.

Pienso en las personas que creen que los animales “nos tienen que cuidar”, cuando en realidad somos las personas quienes debemos cuidar de ellos.
Pienso en Jochi y en Terri que sabían que Lua estaba muerta a 20 metros de mi cama y que no tuvieron los recursos para contármelo o yo no tuve las herramientas para escuchar su dolor.
Pienso en Terri, este perrito sobreviviente que mueve la cola a cuanto humano y perro se le acerca para conseguir su aprobación. Pienso en las marcas de maltrato que tiene en su cuerpito adolescente. También deseo que Terri deje de bajar la cabeza y cerrar los ojos esperando un golpe, cuando alguien va a hacerle un mimo. Pienso con miedo escalofriante y paralizante en si la muerte de Terri o de los otros perros que adoptaré en el futuro, será tan violenta e inesperada como estas.
Deseo que animales y personas podamos vivir en libertad y en pleno ejercicio de nuestros derechos. Ninguna ideología, ni práctica médica, ni religión, me sacarán jamás la idea de la cabeza de que todos y todas tenemos que tener como base para una vida digna, un techo donde refugiarnos, comida sana y nutritiva para saciar el hambre y un poco de amor para sobrevivir.
Espero que como sociedad, a medida que vayamos transitando estos años del siglo XXI, tomemos conciencia que discriminar por la especie que nos tocó ocupar en esta tierra, es un delito tan grave como discriminar por el sexo o la raza que nos caracterice. Los humanos somos mamíferos que al igual que las vacas, los caballos, los perros y los gatos parimos, amamantamos, tenemos un corazón que bombea sangre y sufre y se resiente cuando nos sentimos en peligro o en soledad.
Pienso que mientras haya jaulas ocupadas, habrá lucha por la liberación animal.
Pienso en los miles de animales que están naciendo sin hogar.

Pienso en los niños y niñas que aman a los animales y no entienden por qué son pocas las personas que enseñan con el ejemplo cómo compartir la vida con ellos en equilibrio y armonía.
Estoy segura que no está bien que existan perros vestidos innecesariamente con ropa de diseño y juguetes carísimos, otros encerrados en departamentos comiendo alimento balanceado y otros rompiendo bolsas de basura para agarrar los restos de un capitalismo salvaje que vende y mata de todo a cualquier precio, desde personas hasta a los adorables perros.
Ojalá que Jochi y Lua puedan descansar en paz.

Lucía Gorricho

1 de abril de 2012.

Agua, energía y precariedad de la vida









Por Lucía Gorricho y Mascaró Cine*



El aprovechamiento de la fuerza del agua de los ríos, permite obtener energía eléctrica. Las represas son construidas con el fin de abastecer de energía a las sociedades industriales y se han legitimado por los Estados y los medios de comunicación, como garantía de modernidad y desarrollo. Se ha justificado la construcción de las mismas argumentando la posibilidad de “obtener energía limpia” y la ventaja de utilizar un “recurso natural renovable”. Si bien es cierto que las represas no implican los habituales derrames tóxicos que ocasiona la extracción de petróleo, y que el agua circula por la biosfera a través de un ciclo perpetuo, la obstrucción de los ríos con el fin de embalsar cuerpos de agua, genera desastres ambientales y sociales de dimensiones extraordinarias sobre amplios territorios.
Los impactos de las grandes represas han sido tan obscenos que dieron origen a la creación de nuevos estudios técnicos que se han popularizado como “Evaluaciones de Impacto Ambiental” (EIA). Los mismos también se aplican para otros emprendimientos extractivos/productivos y se utilizan como herramientas políticas para maquillar las tragedias socioambientales que crean los grandes emprendimientos económicos en zonas estratégicas para el saqueo neocolonial. En estos informes, los impactos negativos como la alteración de los biomas lindantes, el cambio climático en la zona, la pérdida de fertilidad de los suelos debido al estancamiento de sedimentos, el aniquilamiento de especies vegetales y animales, y las miles de personas desplazadas, con el consecuente empeoramiento de su calidad de vida, rara vez son tenidos en cuenta. Desde el poder se ha sistemáticamente minimizado la importancia de las “externalidades” (lo no esperado dentro de los objetivos económicos) y mucho menos se ha escuchado y difundido directamente a la población afectada.



El caso de Yacyretá



La represa Yacyretá extrae la energía del río Paraná. Se ubica entre Argentina y Paraguay en una isla del mismo nombre, que en Guaraní significa: “donde brilla la luna”. El protocolo inicial se firmó en 1925 en EEUU, pero el origen se remonta a 1973 cuando los presidentes Stroessner de Paraguay (dictador militar que estuvo 35 años en el poder ) y la vicepresidenta de Argentina Isabel Martinez de Perón (en funciones ante una enfermedad de su marido), forman la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) y redactan un tratado de común acuerdo. El argumento político del momento, fue la necesidad de paliar el déficit energético que se estaba atravesando a nivel mundial y que se conoció con el nombre de “la crisis del petroleo”. Esta entidad que está vigente hasta nuestros días, tiene desde entonces “capacidad jurídica, financiera y administrativa, y también responsabilidad técnica para estudiar, proyectar, dirigir y ejecutar las obras que tienen por objeto poner en funcionamiento la hidroeléctrica y explotarla como una unidad desde el punto de vista técnico económico”(efectos previstos en el artículo 1 del tratado). Durante el último gobierno militar de Argentina (1976/1983), se configuró el proyecto definitivo y se licitaron los principales contratos. El presupuesto destinado para la construcción se excedió varias veces en diferentes planificaciones, y dio lugar a varias denuncias escandalosas por corrupción. Funcionarios del EBY han sido condenados por malversación de fondos y por especulación con información privilegiada, al comprar tierras en los terrenos que luego serían inundados con el fin de obtener indemnizaciones que debían pertenecer a los propietarios históricos, cuando estos territorios se expropiaran.

La construcción de Yacyretá se está realizando por etapas. La primera se empezó en 1983 (vuelta a la democracia de Alfonsín en Argentina) y en 1998 comenzaron a funcionar las 20 turbinas programadas en el proyecto inicial.

En el área cubierta por el nuevo lago artificial vivían antes de la obra unas 80 mil personas que fueron expulsadas de su territorio (de las cuales 60 mil son del lado paraguayo). Algunas fueron relocalizadas y otras todavía están esperando que la Entidad Binacional Yaciertá los reciba.

En febrero de 2004 los presidentes de Argentina y Paraguay, Néstor Kirchner y Nicanor Duarte Frutos, firmaron en Buenos Aires los pasos formales para la finalización de las obras de la represa de Yacyretá y destinaron un nuevo presupuesto de 45 millones de dólares.

De la energía que se genera en esta represa corresponde el 50% a Paraguay y el 50% a Argentina. Sin embargo, el pueblo Paraguayo sólo utiliza menos de un 5% de esta producción y vende el resto al exterior. A pesar de que el precio en el mercado sería de entre los 80 y 100 dólares por megawatt/hora, a Paraguay se le paga sólo 8 dólares por megawatt de la energía que “vende” para Argentina.



La lucha contra la represa en Paraguay es una lucha por la supervivencia



Julia Vilealba vive en la ciudad de Encarnación en el barrio Mboí Caé, una de los barrios afectados por la inundación del río Paraná. Es delegada de Fedayin (Federación de asociaciones y organizaciones de afectados por la represa Yacyretá de Itapua y Misiones) y representa a las personas que no fueron atendidos por la EBY. Son familias que piden la indemnización que les corresponde porque la represa inundó sus casas, y en muchas ocasiones significó además, la pérdida de la fuente de trabajo. Según ella, desde el 83 hasta la actualidad, el problema se ha agravado porque se fueron triplicando las familias: pasaron casi 30 años y las mujeres de 14 años ya tienen hijos, por lo tanto, se han creados nuevas familias aparte de las censadas en el momento de establecer el proyecto. Las zonas directamente afectadas por el embalse son: Posadas, Garupá e Ituzaingó en Argentina y Encarnación y Ayolas en Paraguay (ver mapa).



La entrevista que sigue a continuación, se hizo en el marco del Segundo Taller realizado en la Triple Frontera en Ciudad del Este (Paraguay) en Octubre del año 2009. El día anterior, Julia había hecho una intervención ante compañeros y compañeras de diferentes organizaciones políticas y sociales de Paraguay, Brasil y Argentina. En la misma nos explicó la terrible situación que están atravesando las familias que fueron relocalizadas y expuso también la realidad de las familias que no han recibido ningún tipo de resarcimiento económico. Ella, al igual que miles de personas que habitan la zona, piensa y habla en Guaraní (su lengua materna). Sin embargo, hace un profundo y valiente esfuerzo para hablar en español (la lengua de sus conquistadores) y así poder comunicarse con organizaciones hermanas y defenderse de la mega empresa hidroeléctrica.

Nota: la entrevista se transcribe textualmente sin hacer modificaciones de estilo ni de estructura del lenguaje.

- ¿Qué problemas ocasiona relocalizar a la gente afectada por Yacyeretá?



El primer censo de Yaciretá fue hecho en el 79 / 80 (la carpeta roja que se dice) y la primera relocalización por la represa fue en el 1995. Ahí cobraron una parte de los oleros y tejeros. Y quedó gran parte todavía sin relocalizar. Ya pasaron casi treinta años. Hay muchos problemas sin resolver todavía desde Encarnación hasta Ayolas. Nosotros hacemos trabajo de campo y vemos la situación de la gente que no fue atendida. Su casa está totalmente el lugar bajo el agua. Salieron de zona y se trasladaron más arribar armando como pudieron su casita más arriba del agua y están esperando todavía una solución para su problema.



- ¿No les dieron materiales? ¿No les dieron nada?



No nada. No los atendieron. Están esperando todavía solución, una vivienda digna. Como corresponde.



Esperan pero también luchan. ¿No?



Están luchando como nosotros. Cada pueblito tiene su dirigente , pero estamos trabajando todos juntos coordinadamente. Hacemos trabajo de campo y vemos la situación de los que no fueron atendidos hasta hoy. Vemos los barrios que no fueron atendidos. Hacemos relevamientos de datos con otras organizaciones. Vemos si fueron atendidos y todavía no fueron atendidos. Esa es nuestra lucha: por conseguirle algo a nuestra gente. Que se la atienda.



¿Cambió algo con el gobierno de Lugo?



Yo le veo muy difícil al presidente Lugo. A pesar de su buena voluntad la estructura que le rodea hasta ahora, son gente que trabajó con el otro gobierno. Y esos son lo que están trabando todo de nosotros. Si vos no estás con ellos, te quedás afuera. Esa es la realidad. Y están toditos todavía en el gobierno la gente que trabajó con el otro gobierno. Entonces esas son las trabas que tenemos. Incluso en Yacyretá. Personales viejos que trabajaron, que son personales antiguos de hace 15 a 20 años. Cada licenciada tenía su trabajo en cada barrio. Una licenciada para un barrio, otra licenciada para otro barrio. Pero son gente que están 15 a 20 años. Que conocen como la palma de la mano cada barrio y esos están todos todavía. Nosotros presentamos reclamos pero se van a dormir ahí los papeles.



Vos denuncias la precarización de la vida de la gente que fue afectada por Yacyretá. ¿A qué te referís? ¿Cuáles son los problemas cotidianos que enfrentan?



Los problemas de nuestra gente se agravaron y cada día está peor. ¿Por qué? Porque yo empiezo de Encarnación. Todos los barrios alrededor de Encarnación están en la misma precariedad. Las fábricas en donde trabajaban ya fueron sacadas en su totalidad. Toda la gente está en la misma situación. Ya no tienen fuente de trabajo ni nada. Absolutamente nada. Increíble la gente que tenía su trabajo en su casa: ahora están saliendo a rebuscarse por la calle y algunos en el basural. Y eso nunca pasó antes de la represa a nuestra gente por más pobre que sea. En Mboí Caé había tejería y olería (fábrica grande de tejas que se usa para el techo y ladrillos comunes). No tienen estudio, no tienen otro oficio. No están preparados para ir a vivir en una vivienda porque perdió su trabajo y no sabe hacer nada. Lo único que sabían hacer eran tejas y ladrillos y los hijos que crecen, otra vez hacen lo mismo. No están preparados para ir a vivir a otra vivienda.

Tiene su cancha grande y hace ponele dosmil adobe (el ladrillo después de quemar). Si llueve le pone una tapa y tenían el Paraná ahí no más para sacar pescado gratis. Cualquier criatura te sacada dos o tres kilos en un ratito. Si no querías pescado, vendían y compraban carne. En una casa, si vos le mirás es feo, pero montones de criaturas, hay ocho, diez o catorce hijos viviendo con su padres. Trabajaban juntos y medianamente vivían bien. No hacía falta pagar pasaje para ir al centro y preocuparse. Porque ahí nomás, tenían su pescado gratis, tenían gallinas, chancho, vacas en su casa y vivían medianamente bien. Comían bien.

Pero sin embargo, ahora tienen una linda casita pero no tiene trabajo. No tiene de qué vivir ni de qué pagar el gasto de la vivienda. Nada de qué vivir. Y si vive de changas, ¿Cómo va a pagar luz o agua? Que sí o sí tenés que pagar porque si no te cortan. Esa es la precariedad. Si de algo hay que vivir. El problema ahí lo tienen las chicas, porque aparece la prostitución. La prostitución masiva. Impresionante las chicas como tienen hijos desde los trece o catorce años. Y si no tienen de qué agarrarse. Porque si trabajás de personal doméstico, ganan doscientos mil mensual. La mitad o más de la mitad, se la gastan en colectivo. No queda más alternativa que la prostitución. Los que pueden robar, roban. Porque no hay otra.



¿En qué situación están ahora? ¿Cómo pensás que hay que seguir?



No hay que dejarse estar. Porque si vos te dejás estar en tu casa sin protestar los que no se mueren, se van a quedar como esclavos. Es como en las películas que antes se compraban los esclavos para trabajar por un plato de comida y nada más. Los que no se mueren van a quedar así. Entonces acá tenemos que organizarnos y unirnos y seguir la lucha. Por un bienestar mejor para nuestros hijos. Esos son los que van a ir quedando. Y queremos una vida mejor de lo que está dejando esta mierda de la represa. Porque antes vivíamos mejor.





Si bien la historia de la represa de Yacyertá es una historia de delitos, ineficiencia, corrupción, clientelismo y ganancias capitalistas millonarias, también es una historia de luchas y resistencias. En el noreste argentino y en el sur paraguayo se han realizado cortes de ruta, huelgas de hambre y movilizaciones masivas para defender el territorio y alcanzar el sueño de una vivienda digna.

Julia es una de las miles de personas afectadas que no ha bajado los brazos y que se está organizando, derrumbando los límites que imponen las fronteras. Comunidades enteras paraguayas y argentinas buscan defender el derecho al territorio, es decir, el derecho a la vida. Multiplicar las voces de los afectados y las afectadas por las represas es nuestra tarea. Denunciar para saber. Saber para luchar. Luchar para transformar. Gracias Julia por el ejemplo.



* Lucía Gorricho es Feminista Inconveniente y colaboradora del Instituto de Investigación y Formación de Movimientos Sociales Latinoamericanos. El grupo de Cine Mascaró es parte del equipo que está registrando en forma audiovisual la experiencia de los talleres en la Triple Frontera.



Fuente mapa: http://yacyreta.info/www

Fotos: elaboración propia.



Bibliografía:

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