Maqueta La Geografía del Mar

Maqueta La Geografía del Mar

Preguntas y respuestas sobre "La Geografía del Mar"


Después de un año de escritura ya está por salir "La Geografía del Mar. Un libro con relatos y mapas escolares".

¿Cómo surgió este libro?

La Geografía del Mar se fue gestando en base a la recopilación de consignas que me fueron útiles para realizar la tarea educativa sin usar la guía de “preguntas y respuestas” con las que se trabaja habitualmente en las aulas. En mi libro anterior (“Frutillas, un libro sobre educación y trabajo”) compartí 4 evaluaciones con sus distintos resultados como para ejemplificar mi propuesta pedagógica. En este nuevo libro publico más consignas con las respuestas estudiantiles (algunas en formato de texto y otras con imágenes). Es un material que resume cómo desarrollé mi práctica durante 2017 en cuatro establecimientos educativos del ámbito público, privado y cooperativo de la ciudad de Mar del Plata.





¿Qué contenidos tiene este libro?

Podrás ver mapas inventados en el aula, leer relatos geográficos sobre barrios de Mar del Plata realizados por adolescentes de 13 y 14 años, diseños de tapas de fanzines sobre temas vinculados a la Geografía física y social, entrevistas sobre la pesca, características del pastizal pampeano costero, evaluaciones integradoras y teoría acerca de la importancia de mejorar la concentración mental e iniciarse en la práctica de la meditación.

¿Cómo lo consigo?

El libro se hará físico una vez que se recaude el dinero necesario para pagar los costos de producción. Podés encargar tu ejemplar y se te dará un bono de color azul con el diseño de tapa a cambio del dinero. Se anotará tu nombre en una planilla y se te entregará el ejemplar el día de la presentación. Estamos organizando un financiamiento colectivo con compra anticipada.

¿En qué consiste el financiamiento colectivo?

Es una forma de recaudación en donde se establece un presupuesto y las personas colaboran a través de dinero recibiendo una recompensa a cambio: en este caso el libro. Es una manera autogestiva de lograr que el proyecto sea posible. La idea que nos acompaña es que sin intermediación el mensaje llega más claro.

¿Cuánto sale?

Sale 300 pesos durante noviembre, diciembre y enero y 350 a partir del día de la presentación.
Necesitamos vender 280 libros en forma anticipada para poder imprimir. Hay tiempo hasta el 15 de enero para recaudar el dinero.

¿Cuándo y dónde se harían las presentaciones?

El 16/2 en Mar del Plata y el 22/2 en Buenos Aires.

¿Qué pasa si no puedo ir a la presentación?

Se acordará un punto de encuentro posterior para las personas que no puedan asistir al evento.

¿Qué pasa si no se llega a juntar el dinero?

Si en estos 3 meses no podemos vender 280 libros te regalamos el link con el libro on-line hasta que encontremos otra manera de financiarlo. Deberás esperar más tiempo (es el riesgo que se corre al fomentar el comercio justo). Existe la posibilidad de gestionar financiamiento externo pero preferimos optar por desarrollar y fomentar la economía local y el cooperativismo.

¿Cuántos ejemplares se proyectaron en total?

La primera edición es de 500 y en el presupuesto está contemplada una partida para volver a editar más en el que caso que la demanda lo amerite. Estamos replicando la misma dinámica que con Frutillas. Un libro sobre educación y trabajo. Creemos que es posible lograr que la primera edición también se agote aunque esta vez asumimos mayores riesgos debido a las variaciones de precios que está teniendo el mercado. Nos tranquiliza saber que son números relativamente chicos los que estamos manejando.

¿Qué características “físicas” tiene?

Este nuevo libro se imprimirá con el mismo tamaño que tiene Frutillas (20 x 14 cm) porque es la medida en la que menor desperdicio de papel hay. Cuenta con aproximadamente 100 páginas de texto y 80 imágenes a color. El texto está escrito con palabras simples y en lenguaje incluyente sin usar “x” ni “@” porque, si bien son signos bienintencionados, muchas veces complican la lectura. Las imágenes fueron capturadas y editadas por Marcela Golfredi. La tapa también será de papel reciclado sin plástico y con diseño de Martín Gorricho.


¿Va a estar disponible en librerías?

La Geografía del Mar ya tiene código ISBN para ser catalogado en librerías de Argentina y de otros países también. La distribución será a través de un pedido directo con la editorial.

¿Esta forma de venta es legal?

Sí. Está todo en regla y hay designado un contador responsable que seguirá los movimientos de cerca.

¿Cómo hago para asegurarme mi ejemplar?

Lo podés pedir mandando un mail a la editorial gorricholucia@gmail.com con el asunto: quiero 1 libro y te respoderemos con el número de CBU o un contacto telefónico para la colecta manual según lo que te resulte más cómodo. Sólo necesitás darnos una dirección en Mar del Plata o en Buenos Aires. En preventa no vamos a hacer envíos a ninguna otra localidad.

¿Hay otra manera de ayudar?

Si. Necesitamos semillas de plantas comestibles y árboles en macetas para regalar en la presentación del 16 de febrero. Si querés aportar de esta manera mandá un mail con el asunto “plantar un libro” y la descripción de tu aporte.

¿Tener el bono significa tener acceso a la presentación?

No. El evento será gratuito pero con lista y la misma se armará más adelante. Es decir, no será requisito haber comprado un libro para poder estar en la presentación.

¿Cuándo empieza la preventa?

Ya empezó!

¡Gracias por acompañar este proyecto!

Lucía

Contactos:

@gorricholucia (Instagram y Twitter)

gorricholucia@gmail.com

Facebook: Frutillas libro



La emoción de compartir Frutillas


Mientras escribía mi primer libro dudé muchas veces acerca de si era conveniente o no publicar el nombre de Gabriela, la autora de las respuestas a la evaluación que se hizo viral. Finalmente lo consulté con ella, le leí una tarde el borrador del capítulo 1 y me dijo sin dudar que si, que “Gabrielas hay muchas”. 

El mes pasado me tocó hacer una nueva presentación de “Frutillas”, esta vez en Miramar, en el marco de una Feria del Libro que organizó un instituto de formación docente de esa ciudad. 

Compartir Frutillas me resulta fácil: sólo llevo un flyer con el diseño de tapa, un exhibidor individual violeta y algunos libros para vender. Nada más. Si la organización del evento considera que habrá más de 30 personas pido que haya micrófono para no forzar la voz. Cuando se organiza una presentación trato de llegar antes para conocer el lugar y saludar con tiempo. Esta vez me recibió Santiago, un profe del Instituto, que enseguida se movió para conseguir una portabanner para que el cartel se luzca y asegurarme un buen lugar cerca de la entrada del “Aula Magna” donde iba a ser la conferencia. Cuando le conté sobre el contenido del libro, exclamó: 

Ah! ¿Sos vos? Yo trabajé con el texto en varios cursos. ¡Qué bueno conocerte!

Y entonces, nos volvimos a saludar ya desde otra complicidad. Desde ese lugar de saber que estamos hablando entre personas que compartimos el compromiso por el trabajo docente desde valores similares. Nos fuimos a almorzar a un parque que está cerca del instituto y que para mi sorpresa y la de Marcela, la fotógrafa que colabora con la editorial, tenía un hermoso laguito llenos de pájaros con un islote en el medio. Excelente lugar para meditar y relajarse antes de hablar.



Volvimos para probar sonido y luces (siempre me acomodo a lo que hay pero en general todo se puede mejorar un poco más) y a las 17:10 arrancamos. Me presentó Luz Ceverio, una colega que fue mi docente en Humanidades y que por distintos motivos la vida siempre nos está juntando. Tenía una hora para contarles “todo”. Empecé por la historia del libro y les hablé del contenido y los pasos que di para poder imprimirlo. 

Si algo me sigue sorprendiendo de “Frutillas” es la cantidad de información que tiene en tanto poco espacio. Creo que uno de los motivos por los cuales gusta es porque no se pierde el tiempo al leerlo, todo lo contrario: es un libro motivador que da esperanzas en medio del derrumbe civilizatorio que estamos viviendo. 

Me doy cuenta que hablo de "Frutillas" con un amor que contagia. Aprendí en este tiempo que cuanto más coloquial y simple es el discurso mucho mejor es la aceptación y el intercambio. A pesar de la distancia por estar arriba de un escenario, logro crear un clima de complicidad y amistad que se siente en el ambiente. Los últimos 15 minutos fueron para preguntas y comentarios y por suerte pude hacer el espacio para recalcar acerca de la importancia de destinar financiamiento en educación (un detalle no menor en el contexto de un nuevo intento de vaciamiento de la educación pública y gratuita en Argentina).

Estoy convencida de que una de las maneras de mejorar el rendimiento académico es valorando el trabajo docente y manteniendo los edificios en las mejores condiciones posibles. Para mí poco se puede enseñar y poco se puede aprender si el personal no recibe remuneración suficiente y si los edificios no son seguros ni amables para permanecer en ellos. Luz, la colega que me presentó, tenía una tarjeta en su camisa que decía “docentes en lucha”.


Después vino la firma de libros y se presentó una chica de unos treinta años que me dijo:

“Soy estudiante de este Instituto. Ya leí tu libro. Vos no me conocés pero una vez te escribí por mail para contarte mi historia y me respondiste.”

“¿Cuándo? ¿Qué mail?”, le pregunté. 

Buscó en su celular y me lo dejó apoyado sobre la mesa donde estaba firmando como para que lo vea mientras tanto. Tuvimos que dejar la sala y salí con el celular de ella en la mano sin haberlo podido leer pero cuando encontré el lugar y el tiempo en el hall lo miré y decía esto:

Hola Lucía ¿Cómo estás? Mi nombre es Liliana. Hace tiempo tengo ganas de escribirte para felicitarte y agradecerte el valor que tenés para mostrar al mundo una realidad que siempre estuvo a la vista pero “nadie ve ni sabe”. 
Yo tengo 36 años, soy hija de bolivianos que llegaron a Mar del Plata a finales de los 70 y vinieron a trabajar a las quintas. Crecí de igual manera que crecen esos niños de la frutilla, con todo lo que encierran los problemas familiares también. Hoy siendo adulta puedo ver todo aquello y deseo que cambie y puede suceder mostrándolo a la sociedad que estigmatiza erróneamente. 
Cuando leo tus artículos me emociono y lloro, parece verme a mi misma.
Felicitaciones por el libro y espero seguir leyendo cosas tuyas. Saludos.

La busqué con la mirada y ahí estaba. La abracé y lloramos juntas. Me decía al oído “Mi infancia fue como la de Gabriela. Mi infancia fue como la de Gabriela. Yo soy Gabriela”.

Agarradas de las manos seguimos hablando de la formación docente, de las prácticas profesionales, de cómo hacer para no dejarnos contaminar por esas personas que gratuitamente nos agreden, nos cuestionan, nos atacan sin conocer la mayor parte de los acontecimientos. ¿Qué hacemos cuando nos desaprueban y nos critican por que sí? ¿Qué se hace con los comentarios que buscan frenar nuestro vuelo, nuestro deseo irrefrenable de aprender y enseñar en libertad?

Ni nosotras dos ni Gabriela lo sabemos bien. Pero lo que sí sabemos es que los mensajes, los mails y sobre todo lo abrazos como estos, funcionan como una especie de “burbuja todopoderosa” que bloquea las ideas ajenas destructoras y limitantes. 

En lo personal ya no tengo más tiempo para detenerme a pensar en las agresiones que recibí y sigo recibiendo por mi forma de ser. Decidí dedicar esta vida a sembrar valores de amor más allá de la hostilidad de esos seres que cada vez que se expresan dejan en claro que no están en paz con sus vidas y por ese motivo no colaboran en nada con la paz general. 

En Miramar conté detalles que no están en "Frutillas" sobre cómo agredieron a Gabriela por su texto y ahora Liliana me contó como la agreden a ella en algunas materias de la carrera por no querer (o no poder) adaptarse a la norma. 

Cada presentación de este libro me acomoda, me ordena, me anima a seguir por el camino de las letras y la expresión desde el alma sin pensar en la aprobación externa. No me importa no ser parte del “rebaño” porque sencillamente pienso que no somos rebaño de nadie. 

Ojalá mis palabras, cada vez más sentidas y menos pensadas, sirvan para darles fuerzas a todo el mundo que las lea, pero sobre todo quiero que mi cariño llegue a quienes saben, desde lo más profundo, que todavía hay tiempo de evolucionar como especie y para eso necesitamos con urgencia otra educación donde nos sintamos a gusto y podamos liberar y aportar todo nuestro potencial creativo. 

A “las grabrielas” y a “las lilianas” dedico mi trabajo. 






Práctica con brotes y germinados


Este último mes estuve compartiendo en Instagram fotos de brotes de distintas especies. Algunos de estos brotes nacieron de activar las semillas en mi casa y otros surgieron como resultado de un trabajo práctico que impulsé en las escuelas donde trabajo actualmente.

El programa de contenidos de Geografía incluye el tema de las actividades económicas en general y  dentro de esa unidad se encuentra el abordaje de la agricultura en particular y me parece importante, como práctica pedagógica, revalorizar desde los contenidos el rol de las semillas dentro de la producción. También me resulta útil enseñar desde la Geografía local y sobre todo desde una visión práctica de la Ciencia. Por eso en el aula no sólo propongo el análisis y estudio de conceptos teóricos sino que busco impulsar actividades que impliquen relacionarse directamente con los contenidos. El objetivo central es incentivar buenos hábitos que fomenten el desarrollo de la Permacultura concibiendo a la semilla como base de la actividad agrícola porque no importa qué tan urbana sean nuestras vidas, nuestros cuerpos dependerán siempre de la agricultura.

A continuación, comparto la guía de actividades, algunos consejos y comentarios por si quieren replicar la tarea y fotos ilustrativas. 

Trabajo Práctico: Hacer germinar 3 semillas de distintas especies de plantas comestibles.

Materiales:
  • Frasco o vaso. Recomiendo recipientes que suelen ser considerados desechos como por ejemplo los de lácteos.
  • Algodón
  • servilleta de papel, tela o gasa.
  • agua
  • tierra (opción almácigos)
  • semillas de 3 especies diferentes
  • etiquetas
Procedimiento:

GERMINADO EN ALGODÓN
(para semillas grandes como por ejemplo: zapallo, zapallito, porotos, maíz, lentejas, habas, etc.).

Poner el algodón en el frasco limpio, tapar con la servilleta de papel, agregar 3 semillas de la misma especie y mojar con agua. Cubrir y etiquetar.
En la etiqueta debe decir: nombre de la especie y fecha.
Esperar algunos días, abrir y fotografiar.

Brotes de lentejas. Foto: Etienne 

Si se quiere continuar con la actividad es una buena idea poner tierra en un recipiente tamaño taza con orificios en la parte inferior y “plantar” el brote en el mismo con las raíces en la tierra y los cotiledones hacia arriba en contacto con la luz. Eso se llama plantín.

 Fotos: Santiago Escujuri

GERMINADO EN TIERRA – ALMÁCIGO -
(Para semillas chicas como el tomate, el morrón, rabanito, albahaca, etc.)

En una bandeja de plástico, una cubetera de hielo o en una caja de huevos poner tierra de primera calidad hasta casi el tope. Luego poner las semillas dispersas. Humedecer la tierra y rociarla con agua las veces que haga falta.

Esperar algunos días y fotografiar. 




Lo que se obtiene con cualquiera de estos procedimientos son brotes, es decir semillas activadas. Las mismas al "abrirse" dejan salir por un lado una pequeña raíz y por otro, un cotiledón. 

Tiempo: depende de la especie (entre 3 días y 15 es lo más habitual).

Tengan presente este sabio consejo de Rafael de la Feria Verde de Mar del Plata, productor de alimentos vivos: “el manejo con las semillas es experimental”. Una vez más, el aprendizaje consiste en “prueba y error”. Si hay un exceso de agua la semilla se pudrirá y no brotará pero si hay poca agua no tendrá la energía suficiente para brotar y la experiencia no resultará exitosa. 

 En la foto se pueden ver los dos cotiledones y
 las dos primeras hojas de un brote a partir de una semilla de poroto.
Conviene hacer el trasplante cuando la planta ya tenga al menos tres o cuatro hojas.

¿Y después qué?

En la escuela, yo califico sólo por hacer brotar 3 semillas distintas. Si quieren brotar más (algo que suele ocurrir en forma espontánea) mejor aún. El seguimiento del brote es optativo. Pueden continuar sacando fotos del desarrollo y luego publicarlas en Internet y de esta manera se alentará a más personas a producir alimentos en sus propias casas. 

Si el plantín crece y se desarrolla, será necesario trasplantarlo a tierra. Quienes no cuentan con terreno disponible pueden regalar el plantín a alguien que si tenga espacio y quiera continuar con los cuidados. En Mar del Plata otra buena opción para las huertas urbanas agroecológicas son los terrenos baldíos y los márgenes de la vía del tren pero en ambos casos suele ser necesario el trabajo comunitario.

La planta en tierra necesitará buenas condiciones de agua y luz. Puede que resulte necesaria también una valla de contención o alguna señalización importante para que nos las rompan ni las pisen.

Recuerden que los peores enemigos de las las huertas urbanas son las personas ignorantes y los perros (en ese orden). Sin embargo, la gran mayoría de estas especies de mamíferos, logran valorar y disfrutar de las ventajas de la huerta en su propio hogar y siguen de cerca el desarrollo de las plantas aunque no se tomen el tiempo que hay que destinar a los cuidados. Lo más importante es que vivencien como con poca pero constante atención las plantas podrán ser unas pequeñas generadoras de alimentos con valores nutricionales y con sabores más intensos que los que se suelen conseguir en las verdulerías.

El mejor momento para iniciar una huerta fue hace un año. El segundo mejor momento es ahora.

¡Mucha suerte!

 Germinados de Santiajo Escujuri :)



Financiar un sueño colectivamente


Parece mentira pero se cumplió un año de la presentación de Frutillas, mi primer libro. Son tantas las historias y acontecimientos que surgieron en mi vida a partir de esta publicación que necesitaría escribir un nuevo libro para poder contarlas, desde viajes para compartir la experiencia, pasando por los mails que me hicieron llorar, hasta abrazos inesperados de personas que sin haberlas visto nunca antes, me agradecieron por mi valentía para ponerle palabras a lo obvio y trasmitir un poco de esperanza.

Voy a seguir agradecida de por vida por todo esto que me pasó y me sigue pasando. Pero esta vez, quiero mencionar especialmente a aquellas personas que compraron “Frutillas” sin que el libro estuviera impreso y era sólo una maqueta de papel sin diseño. La lista que comparto y que fue planilla activa de Excel hace más de un año está formada por la gente que creyó en mí y en mi obra. Son amigos, amigas, familiares, colegas, periodistas...que entendieron la importancia vital del financiamiento colectivo. No como una moda, no como una estrategia de venta, si no como una necesidad del libro: fue la mejor forma que encontramos para sacar a la luz mis ideas sin vender el alma a nadie. Todo se hizo tal cual lo quisimos.

Un libro vivo necesita de cuidados en todo su recorrido pero el nacimiento, ya lo sabemos, es trascendental. Gracias a ustedes, Frutillas existe.

Lista de aportistas de Frutillas:

Rafael González

Yamila Setti

Adriana Soler

Jorge Ruggiero

Agustín Nogueira

Federico Bacalini

Mariano García

Carolina Pavia

Miguel Kelly

Lilia Hernandez

Soledad Mercere

Robert Meyer

Guillermina López

Sofía Morales

Federico Polleri

Mabel García

Elizabeth Chiclana

Esther García

Adriana Juarez

Silvia Lener

Haydee Espina

Graciela Catalano

Elizabeth García

Elsa Elhalem

Virginia Bruschetti

Romina Solsona

Diego Izquierdo

Martín Zelaya

Mabel Maldonado

Juanita Rosenfeld

Juan Gasques

Marcelo Di Luciano

Silvia Mercere

Francisco Gorricho

Gilda Genovali

Laura Tumini

Estefanía Patti

Martín Gorricho

Nacho Rey

Gabriela Meyer

Silvia Berazategui

Diana Otero

Eduardo Roig

Luciano López

Marcela Golfredi

Susana Filacanavo

Lorna Paez

Maite Pereyra Amilkar

Gonzalo del Blanco

Fernando Moyano

Jimena Salas

Juan Marcelo Cingolani

Inés Canale

José Verón

Paola Galano

Vanina Rodriguez

Daniel Nimes

Marcela Lescinskas

Alejandra Cornide

Lola Primo

Patricia Zelaya

Olga Zelaya

Olga Vecchio

Rafael Blanco

Mauro Perrota

Cecilia Alemano

María Fernanda Brito

Goldfeder Irene

Guillermo Castro

Angelita Tasca

Laura Fernadez Cordero

María Sol Weiskes

Esteban Simoes

Graciela Filacanavo

María Elisa López

Vanesa García

Mariana Di croce

Lorena Videla

Loreta Russo

;)


La Geografía del Mar y las correcciones finales

No sé si ya lo sabían pero estoy escribiendo mi segundo libro. Se llama "La Geografía del Mar" y cuenta con ejercicios prácticos (inventados o recreados) que hice el año pasado en las escuelas donde trabajé. 
Ahora me encuentro en la etapa más difícil: la de corregir. Es así que voy compartiendo algunos fragmentos con personas de confianza para que me marquen errores y opinen sobre el contenido. Después me siento otra vez en la computadora a releer y mejorar lo que yo pensaba que ya estaba listo. Lleva tiempo porque las palabras y los signos no me dan igual. Busco además que haya un ritmo, que no aburra y sobre todo, que se entienda.
Esta semana se acercó para saludarme una ex estudiante que es muy lectora y super aplicada, de esas adolescentes que se destacan por su dulzura y responsabilidad. El año pasado mientras cursaba conmigo me preguntó si podía donar un ejemplar de "Frutillas" a la Biblioteca Pública Municipal y le dije que si. Se ofreció además a llevarlo porque me comentó que iba seguido a buscar libros de ahí para leer. 
Nos encontramos en un acto escolar y me preguntó por "La Geografía del Mar". Le conté lo de la etapa de correcciones y le interesó la propuesta de leer algunos adelantos. También le pedí que me mandara la descripción del barrio del colegio que había hecho ella el año pasado porque estaba interesante para incorporar como ejemplo al capítulo 3 (Relatos sobre barrios). Fue así que intercambiamos los mails y le mandé algunos fragmentos del nuevo libro en archivos adjuntos (dedicatoria, cómo se pensó este libro, cómo se lee este libro y el índice) y además un dibujo sobre los accidentes costeros hecho por Lucas de Amuyen. Comparto el texto con su respuesta porque me hizo llorar de emoción. Sus líneas (que incluyen emoticones de carita feliz y corazón brillando) impactan en mi cuerpo como un aliento de cancha llena que me da ánimo para llegar al cierre de mi obra y permitirme otra vez el placer de publicar. 
...

¡Hola! Es genial, profe. Muy vos, como siempre😁 y eso es lo bueno. ¡Espero con ganas el libro terminado! Y ojalá llegue a todavía más manos que Frutillas.
Adjunto te dejo el texto sobre el barrio (tremendo releerlo y ver todas las cosas que cambiaron en la zona desde entonces jaja). Si necesitás algo más, algún trabajo del curso, lo que sea, avisame.
¡A no dejar de escribir! Besos💖

Frutillas disponible en Internet

Si querés leer el libro sólo tenés que hacer click en el siguiente link:
Frutillas​ un libro sobre educación y trabajo.

Ella ya les contará más


¿A Gabriela la volviste a ver? ¿Cómo está su familia?
Son preguntas que surgieron desde la aparición de Frutillas y que todavía hoy me siguen haciendo.

Algo de lo qué pasó en su vida lo publiqué en el capítulo uno; pero otras cosas, algunos detalles que hacen al todo de la historia, quedaron afuera. Con mi primer libro busqué teorizar y proponer un diálogo sobre el sistema educativo en general y el trabajo en particular, desde mi punto de vista. Es decir, a partir de mi experiencia de vida y no de la de ella (Gabriela ya tendrá tiempo de escribir y publicar lo que quiera, si es que así lo desea).

Sin embargo, pasaron muchas cosas y creo que es momento de empezar a compartir algo de “lo íntimo” porque siento que hay gente interesada, de corazón, en su bienestar.

Este jueves me llamó por whatsapp su papá, y no lo noté bien. Su esposa está trabajando en otra provincia y, como a muchas familias, no les está alcanzando el dinero para llegar a fin de mes. Su lengua es el quechua y, si bien comprende el español, le cuesta expresarse con fluidez en nuestro idioma. Dice que a sus hijos varones no les dan trabajo por lo que pasó aquella vez con la evaluación de Gabriela.
-Yo a veces no estoy bien, señora Lucía - me dijo.
Le pregunté en qué podía ayudarlo, qué necesitaba. Me respondió: -¿Usted no podría venir a ver a Gabriela? Yo no puedo hablar con ella, no nos entendemos.
Sí -le dije-, este domingo voy.

Me acompañaron Alejandra, una bióloga especializada en acuaponia, y su hijita Sofía de dos años, que por esas cosas de la vida estaban parando en mi casa.

Llegamos a La Peregrina en el auto que nos prestó mi mamá. Nos recibió Daniel, su papá. Estaba también Juan José, su sobrino, el hijo de Cristina; algunos perros y muchas gallinas. Gabriela no estaba. La noche anterior había tenido una fiesta de 15 y se había quedado a dormir en la casa de una amiga.
- Está en el mismo lugar a dónde la fue a ver la otra vez. Me olvidé de decirle que usted iba a venir, me dijo Daniel.

Alejandra y Cristina se pusieron a hablar mientras Sofía y Juan José jugaban con las gallinas.
Daniel empezó a contarme su vida, sus problemas, sus miedos (trabaja sin parar desde los 11 años). Yo opinaba de todo y le daba palabras de tranquilidad y aliento.
Le hablé de lo afortunado que es al tener una hija como Gabriela, que en el siglo XXI los valores son otros que los de antes, que él tiene que aprender a confiar y a recibir. Le dije que Gabriela es una adolescente que tiene mucho potencial y que es un desafío acompañar el crecimiento de una chica como ella. Daniel no le perdona haber perdido su puesto en Tamara porque, entre tras cosas, era un trabajo en blanco.

Continué explicándole que el problema son los malos tratos que recibían en ese lugar y también los químicos que utilizan para producir. Que lo que está mal es el sistema de producción y no las personas que lo denuncian. Que Gabriela fue sincera. Y la verdad, a veces, duele.

- Usted tiene el desafío de acompañar a su hija valorando su capacidad. Ella no es responsable de la crisis económica y política que se está viviendo.

- ¿Usted no podrá hablar con ella? Yo quiero que nos sentemos en una mesa y hablemos, señora Lucía, como si fuera una psicóloga, -me pidió Daniel.
- Voy a buscarla. Volvemos y hablamos -le digo.

Gabriela se sorprendió al verme. Nos abrazamos un rato, entre algunos charcos de barro, y se fue a preparar para volver a su casa con nosotras. De camino, ya en la ruta, fuimos contándonos un poco de nuestros días.

Llegamos y entramos a la casa. Antes de sentarnos, alrededor de una mesa con mantel, abracé a Gabriela otra vez. La notaba triste, enojada y nerviosa.

Empecé hablando yo. Le dije que sabía que extrañaba a su mamá pero que, mientras la esperaba, tenía que hacer sus tareas lo mejor posible. Que la vida es corta y que, en general, recién valoramos lo que tenemos cuando lo perdemos. Que en invierno todo suele ser más difícil, pero que hay que aprovechar todo lo que nos pasa para aprender. Que su papá no se lo decía pero que la quería mucho y estaba preocupado por ella.
Después habló Daniel.
- Yo me rompo el lomo trabajando. Todo lo hago por ellos y nadie se ocupa de mí. Nadie me atiende. Yo no existo para ella.
Gabriela no hablaba, miraba hacia abajo. La tomé de la mano y le dije que no tuviera miedo en decir lo que le molestaba; que dada la situación, era natural que estuviera enojada. Que están pasando muchas cosas en el país y en el mundo y como es tan sensible, a veces es lógico sentirse mal. Que las injusticias son lo más difícil de entender.

Alejandra observaba el momento y asentía con impecable atención. Llegaron los mates y nos convidaron con pan casero que Daniel había amasado, la noche anterior, y cocinado en un horno de barro. Lo compartimos con alfajores que llevamos nosotras y unas frutillas Dole que nos regalaron.

Gabriela empezó a hablar. La escuchamos y comentamos temas vinculados a la escuela. Justo al otro día tenía evaluación de Geografía. Fue a buscar la carpeta. Repasamos la guía e hicimos un resumen sobre la Guerra Fría, el fordismo, el toyotismo y las diferencias entre el Estado Benefactor y el Estado Neoliberal.
Después de la tarea hablamos de su próxima fiesta de 15 y de qué tipo de ropa se quería poner.
Sofía, finalmente, logró alzar una gallina. Daniel y su hermana Cristina estaban afuera trozando otra que, ya desplumada, sería la cena de esa noche.
Nos despedimos. Nos invitaron a volver a la casa cuando quisiera y Daniel me repitió una oración que me dijo el día que lo conocí y que yo ya había escuchado varias veces de mi abuela paterna:
- Que Dios la bendiga.

Me fui pensando cómo organizar mis tiempos para poder volver.
Entre tanto intercambio de palabras, me alegré de haberle recordado a Gabriela, en un momento, lo que le gusta hacer y para lo que tiene una habilidad indiscutible: escribir.
Ojalá se lo permita.


Historias de Frutillas


Me llegó este mensaje por whatsapp:

Avisame si podés leer esta publicación.

El sábado en una de esas secuencias inesperadas, una chica muy amiga de mis mejores amigas, falleció en el cerro en Tucumán al caerse de un parapente, mal atada por el piloto.

Hoy me di con esta publicación que ella había hecho en su face hace un tiempo. Natalia se llamaba, y había quedado conmovida por tu historia, la de tu alumna y las frutillas.

Y claramente yo me conmoví al verte ahí en sus palabras. Es tristísimo y a la vez, muy poderoso.

Cada día me convenzo aún más, que cada detalle de tu día por más ínfimo que parezca esta tejido en una alfombra gigante, (me voy a poner mística y le voy a llamar Universo) y te pasa por algo. Doy fe. En este último tiempo de lo que va de mi vida...si hay algo que desarrollé es mi capacidad de ser observadora (vivir en otro país, otro continente, cultura, otro todo...te pone los sentidos a tope y en mi caso fue el gran catalizador). Hoy en cama antes de dormir, como muchas otras noches pasaba publicaciones aquí en Facebook y me detuve a leer las que por A B o D me resultaron interesantes. Voy por orden cronológico...Primero leí algo sobre volver a tu país luego de vivir en el extranjero...A pesar de que estoy hace unos pocos meses afuera, el cambio para mí fue grande y es una decisión que no tomé a la ligera, pero si muy convencida. Y al final en la nota hay una suerte de consejo o no me acuerdo bien qué...voy a ser sincera...pero decía algo de Tratar de sentirte en tu hogar donde sea que estés. Y me identifiqué totalmente...eso hago yo, de a poquito y con pequeñas cosas busco la forma de sentirme cómoda donde sea que vaya. Creo que mucho ayuda mi forma de ver las cosas, el optimismo que siempre tuve y encontrarle siempre el lado bueno a todo…aunque a veces de verdad cueste, quizás en ese momento no estás preparado para verlo, te darás cuenta después. Pero creeme, si sucede..Conviene. Es así que ando convirtiéndome en una especie de caracol trotamundos, nunca sola...Siempre conmigo misma, soy mi mejor compañera...y con todos los recuerdos de momentos y personas que aparecen de donde sea y me alegran la mañana tarde o noche. (Voy a poner el link abajo por si alguien quiere leerla)

Y el segundo fue, una nota (que no tiene desperdicio) de una profesora que aprobó una niña que en el examen no sabía nada. Lo que desarrolla ella en la prueba me llevó a recordar unos minutos de esta mañana. Resulta que me puse una campera que había dejado aquí,  y en el bolsillo encontré 2€ cuando venía caminando por una especie de peatonal Muñecas alemana…y dos minutos más tarde me compré en un puesto de frutas una bandeja de frutillas que la desie (si ya sé, está mal escrito...pero la desie) con mi alma. Como no me aguanto, la abrí a los dos segundos, saqué una frutilla, guardé el resto en la cartera, procuré limpiarla frotándomela en la ropa y le di un mordiscón con todas las ganas. Una estafa. Y me puse a pensar, como hizo esa pobre frutilla para ser tan fea, quien la sembró, la cosechó, etc etc hasta llegar a mis manos. Y me vino un recuerdo de una vez estar en Tafi en el campo con mi papá y cavar y cavar y sacar frutillas y devorarlas con tierra y todo porque eran riquísimas. Eso si eran frutillas. Y también después pensé en esa niña. Como serán las frutillas que tocan sus manos. Y en muchas otras cosas que seguro si vos lees la nota también estarás pensando.

Random....mis pensamientos no? Jajajaj...así funciona mi mente. En modo aleatorio. Y estoy feliz por eso. Porque vivo y revivo días. Y así soy feliz.

Y si llegaste a leer hasta acá, gracias por tu interés. Solo me resta transmitirte una última cosa, queda en vos hacer lo que quieras con eso. No te pierdas los detalles de tu vida. No son las groooondes cosas las que te determinan. Sino esos pequeños microinstantes de no sé qué. Y la vida se hace de momentos y momentitos que hacen momontones. Así que no te dejes pasar de largo. Y sentí, revoviná, re reproducí, enlaza, delirate....Recordá (como también leí alguna vez por ahi- re cordis-) 

Volvé a pasar por el corazón. 

Qué se yo, me re fui del tema. Qué raro. Buenas noches y hasta mañana.



¿Cómo llegué a Saladillo?



Tenía pasaje para las 12.10 con el único micro que sale por día desde Mar del Plata. Me habían invitado para hablar en la “Cátedra Abierta Ambiente y Sociedad” que organiza Ecos de Saladillos desde hace años y tuve el honor de abrir la primera charla del 2018. La cita era a las 19 hs. El horario pautado de llegada del micro era a las 18:10. Tenía 50 minutos para pasar antes por el Hotel a cambiarme y llegar 15 minutos antes como para saludar y acomodarme tranquila. 

Por suerte me acompañó a la terminal para despedirme Marcelita Golfredi porque el colectivo llegó con 40 minutos de demora y aprovechamos este tiempo para ponernos al día con algunos temas relacionados al próximo libro.

El problema apareció a 30 km pasando Tandil cuando empecé a sentir olor a plástico quemado y en menos de 10 minutos el colectivo estaba lleno de humo tóxico. Los choferes pararon en la banquina al lado de la ruta y abrieron las puertas para que bajáramos. Detectaron que era un caño roto de aceite y ambos estaban como tratando de comunicarse con alguien pero no nos daban mucha información hasta que nos confirmaron que iban a mandar un mecánico para ver si lo podían arreglar. No tuve que pensar mucho para darme cuenta que no iba a llegar a la charla y entonces dije: “yo me  voy” una señora me dijo que ella también iba para Saladillo y entonces le pregunté: “¿Querés venir conmigo?” Y aceptó. En menos de 10 minutos paró un auto de alta gama que iba para Rauch. Se trataba de Marcos, venía de hacer trámites bancarios en Tandil y fuimos hablando de la situación económica y política del país. Nos dejó  en la salida de Rauch justo en frente de una estación de servicio. Había salido el sol. Después de varios camiones, camionetas y autos que no pararon porque hacían señas de que iba por ahí no más, María Teresa me preguntó:

- ¿Vos hiciste dedo antes alguna vez?
- Si
- Yo no, me dijo, y tengo 76 años. Me tiemblan las piernas.

-    Me entró una emoción enorme. La abracé y nos hicimos unas selfies para recordar el momento. Confieso que si no hubiera estado con ella, hubiera sentido miedo pero juntas no. Tenía la certeza de que estábamos seguras,  que una iba a cuidar de la otra, que como me enseñó el feminismo, juntas éramos poderosas. Eso que estábamos viviendo era sororidad pura para mí.

Enseguida paró un camión. Nos dijo que iba hasta Las Flores. Subimos las dos valijas con rueditas que llevábamos (la mía violeta y la de María Teresa negra) y fuimos en la cabina de un Mercedes que llevaba arcilla para no me acuerdo a dónde. Durante el viaje nos contó cómo le habían robado un camión en Buenos Aires y el secuestro que vivió en ese acto que, por los detalles, no quedaban dudas que el operativo lo había organizado la policía de la Provincia. María Teresa me decía: “Esta historia la tenés que contar en un libro. Esta historia la tenés que contar en un libro”. Vimos el atardecer sobre el pastizal pampeano desde la cabina.

El tramo más difícil iba a ser desde Las Flores hasta Saladillo. Ahí hay menos circulación de vehículos pero además, ya iba a ser de noche.  Nos salvó Gabriel que era parte de la organización de la Cátedra y salió con su camioneta a nuestra búsqueda justo cuando le dije por teléfono que estaba en Rauch haciendo dedo para llegar. Habíamos quedado en encontrarnos en la rotonda donde su cruzan la ruta 3 y la 30 (manejó 80 km de ida y 80 km de vuelta por nosotras). Me cambié y maquillé en el baño de una estación de servicio (“La Punto com”  le dicen) y enseguida nos subimos al último vehículo.

Ya en la camioneta, con Gabriel y su hija Rocío, María Teresa me dijo “Gracias por esta aventura, no me voy a olvidar nunca de vos”. “Y obvio que yo de vos tampoco” le dije, agarrándole la mano en el asiento de atrás.

Llegué a la presentación 20 minutos tarde tragando unas galletitas y saludando a las personas con las que conectaba con la mirada mientras me subía al escenario del SUM del Instituto de Formación Docente nº16. Mientras contaba sobre la historia del libro y explicaba lo que significa la agroecología para mí, me fueron alcanzando mates desde el público. Supe más tarde, que “El Rápido Argentino” llegó a la terminal de Saladillo a las 22. El pasaje de vuelta me lo dieron gratis.

Yo siempre supe que iba a llegar al evento. Estaba en el plan presentar “Frutillas” en los pueblos de Buenos Aires aún antes de que el libro existiera. Y esta historia, como tantas otras que se cranean desde el corazón, tiene magia asegurada.